martes, septiembre 22, 2009

Y con la cabeza sobre tu pecho
oscilando en la penumbra
sin pensar
o, por qué no, pensando en las orillas de este poema
que se circunscribe en el silencio,
en el viento abisal de tu voz quebrada,
en el lenguaje incoherente del amor,
en Ciorán y en todos los apátridas del tiempo,
en nuestros hijos –esos que no han nacido y que jamás nacerán-,
en los poetas muertos,
en las bocas llenas de flores,
en el tiempo que caerá sobre mis manos,
sobre nosotros en la penumbra en el dolor de palabras extranjeras como amor poema o yo.

6 comentarios:

Daniel Yanez-Gonzalez dijo...

Un fuerte abrazo desde Brighton, Esther.

Espero que podamos seguirnos mútuamente.

Daniel Yáñez, un amago de apátrida en el tiempo.

Popi dijo...

Yo tengo un hijo no nacido y que nunca nacerá que se llama Lucas. Mola, es buen tío, no hace casi ruido y sólo aparece si le llamo.

Hoy te envío el cuento para el dibu.
Besos.

rubén m. dijo...

Leí el otro día que "la verdad es siempre extranjera", quizá por eso palabras como amor, palabra y yo sólo sean ciertas si son extranjeras, sólo entonces dirán su verdad.

Hay una suspensión que me gusta mucho en el poema, como si se mantuviera en un precario equilibrio.

juan bello dijo...

yo he tenido mis problemas por morirme algunas noches. un saludo!

Portinari dijo...

Subrayo lo que dice Rubén. Me invade una sensación de flote frente a la inmensidad cuando leo este poema.
Una latencia detrás que cada palabra...

PÁJARO DE CHINA dijo...

Pensar en las orillas del poema, en las bocas llenas de flores y en las palabras que nos resultan extranjeras ... amor, poema o yo.

Es tan exacto lo que escribís, Esther. Si esas palabras no nos resultaran extranjeras no escribiríamos, no nos arrancaríamos las flores de la boca, no nadaríamos hasta esa orilla que invariablemente retrocede ante cada brazada y se desplaza sin que podamos alcanzarla. Ese es el prodigio y la condena.

Un abrazo.

Adonde te lleve el cabo de un hilo.

U no llega a Vladimir Maiakovski no por casualidad. No es fácil toparse con ese autor siguiendo la senda aterciopelada de la impasibilidad. ...