lunes, julio 06, 2009

El bebé Cadum me mira
desde su confortable rectángulo azul,
como queriendo decir,
entre suaves sortijas de oro,
que las renuncias de hoy,
mañana
se volverán flores carnívoras en los pulmones.

Sólo queda la espera.

Adonde te lleve el cabo de un hilo.

U no llega a Vladimir Maiakovski no por casualidad. No es fácil toparse con ese autor siguiendo la senda aterciopelada de la impasibilidad. ...