jueves, octubre 16, 2008

Henry

¿Cómo es posible? ¿eh Henry? dime ¿cómo es posible? Será que en novela negra, Henry, abres un mundo que no abren otros. Ni Juan, ni Guillermo, ni siquiera Enrique. Un mundo de humo, y lluvia. Un mundo de cloaca y mujeres hermosas, rotas. Pero estamos aquí Henry. Y decir aquí es decir tierra de olivos. De Soberano. Esto no es Chicago Henry. ¿Y las conversaciones? Te comprendo, Henry. No es lo mismo ¿verdad, amigo? No es igual preguntar "ey Henry ¿viste cómo quedaron los Rangers? ¡qué partidazo! Somos americanos, ¿eh Henry? Los putos amos." No es lo mismo. No. No es igual pedir al barman un whisky doble sin hielo, y mirar de soslayo a ese tipo inhabitual en el Night Club. No. En novela negra no es lo mismo. No es igual Sabina que Waits. No. Te entiendo Henry. Entiendo que viéndote a ti, uno piense en gánsters, en ley seca, en sangre. "¿Ey Henry, irás el Día de Pascua a ver al Padre Benjamin?" Irás Henry. Y darás tu mano al Padre. Con la otra guardarás tu BlowBack. Y llegarás a casa. Tu mujer te estará esperando con un pastel de manzana recién horneado. Y le darás un beso. Un beso de amor verdadero. ¿Verdad Henry? Y los niños. ¿He dicho los niños? Porque tendrás hijos Henry. Los niños saltarán de alegría al verte. Se subirán sobre ti. ¡Papi! gritarán. Ellos no saben. Tranquilo Henry. Duerme. Yo también lo sé. Por eso, para mi, tu nombre sobra.