jueves, septiembre 25, 2008

Una mañana, al despertar, los dioses habían caído. Sobre la estantería no quedaba más que polvo orillado de su recuerdo, y unas gafas. Un simple esbozo de luz y sombra. Acaso nada. El suelo había quedado lleno de miedos. ¿Dónde la esperanza? ¿qué haremos ahora sin dioses?, preguntaba mi mujer con un vaho que me empapaba la cara ¿qué haremos? ¡Los inventaremos!, animaron unos. ¡Los reconstruiremos!, aseguraron otros. ¿Y si rezamos?, preguntó mi mujer. La pobre... cuánta esperanza guardan sus ojos. Rezamos. Dios lo sabe. Rezamos durante siglos. No valió de nada.

 

Recogí los pedazos y me fui a caminar. Solo. Tal vez me zafé del miedo. Pero, cuando regresé a casa, un dios mediocre me esperaba. Salmodió un saludo socarrón. Pero ¿qué se había creído aquel Dios? Las heridas cubrían su cuerpo agrietado. Advertí que se había puesto mis gafas. Son mías, dije. No me escuchó. Me pidió ayuda para subir a la estantería. Y allí está. Con mis gafas puestas. Mi mujer postrada ante Él. La pobre...



martes, septiembre 23, 2008

Comienza este triste espectáculo
de la alegría fingida,
la de galones al sol,
la de apretones al desamor,
la de los padres, la de los hijos,
la de los hijos de su padre,
la del adiós.


La domadora de leones,
como ya es costumbre
se sacude ese olor rancio que tiene la existencia.
La mona funambulista,
orea su ánimo tendido en la cuerda tan manida,
dispuesta a perder de nuevo su vida,
y la payasa infeliz, se pinta los labios
de rouge 66
y todo, para fracasar again.

Mientras, la mujer barbuda
no deja de practicar
esa violencia doméstica que tan bien asimiló,
ay que ver, lo fuerte que es y lo dócil que parece.
Luego, después, la gente dirá
no sé que pasó,
era una mujer muy amable.

El motorista chino,
esta noche apenas ha dormido,
pensando en los valores de la bolsa
de los que se mantendrá retraído.
Por lo demás, hay un león harapiento,
una cuerda floja,
una cereza de silicona
una barba roja,
hasta una pobre vieja.

Por lo que se ve hay sobrecarga en la red,
pero eso significa que todo está preparado
para este triste espectáculo
que comienza y termina
cada día.



jueves, septiembre 18, 2008

Sabía que tras las nubes,

la luz aún brillaba.

Así que esperó

alentada por el viento

de su voz.

 

miércoles, septiembre 17, 2008

martes, septiembre 16, 2008

lunes, septiembre 15, 2008

Gritar. [Ricardo Menéndez Salmón]


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Cogí con muchas ganas a Ricardo Menéndez Salmón del que se comenta entre la crítica más lateral, como así la llama Vicente Luis Mora –crítica literaria que se deja permear por su entorno cultural- ser "uno de los narradores más exquisitos, honestos y originales de la nueva narrativa española". Cuando uno decide que el mundo literario que más le gusta, o le interesa, o en el que más cómodo se encuentra es el entorno a esta generación de escritores afterpop, asume como complicación –digamos también como reto- el riesgo de no comprender del todo lo que se lee. El porqué escogí Gritar, en lugar de Panóptico, La ofensa o Derrumbe, su novela más reciente, debe ser por mi inclinación hacia el gusto por el relato corto, género, primo-hermano del cuento, en el que en poco espacio cabe un universo.

Gritar son nueve relatos, sucintamente dedicados, y alguno –en fin, uno- peinado con una buena cita de Proust. Penetrar en ellos es tan sencillo como coger una llave y abrir la puerta. Pero una vez dentro de su mundo, una vez que se es su mundo, nada extraña. Si que es cierto que los relatos son arriesgados y muestran el mundo como lo conocemos hoy, con sus problemas, miedos y conductas. Pero lamento tener que decir que estos nueve relatos cometen el exceso de la previsibilidad. Si algo he aprendido en estos años de lectora es básicamente que me gusta que un relato sea capaz de sorprenderme. Ricardo Menéndez Salmón no lo consigue en Gritar. No he podido evitar anticiparme a las historias, como cuando se ve una peli mala a la hora de la siesta que sabes de antemano que el chico guapo y dócil es el asesino de la prostituta. Algún rasgo en ellas las hace evidentes y no creo que ese algo sea mi imaginación. Me da la sensación de que falla en ese proceso de escritura la fórmula original, exquisita y honesta de la que habla la crítica.

Por otro lado hay una tendencia a extranjerizar los relatos, globalizarlos, no sé cómo decirlo, hacerlos internacionales usando nombres y escenarios como Olsen, Bruni, Richard, Joshua McNaughton, Karen, Pieter Rühs que no es que me guste más o menos, simplemente me pregunto porqué allí y no aquí, ¿una forma de abrir fronteras a su literatura? ¿o una manera de remotizar historias hacerlas verosímiles o interesantes?

Me sabe mal que mi impresión sea esta que dejo escrita y lo cierto es que hubiera deseado que fuera otra, más amable y menos contundente, porque tenía ganas de Ricardo Menéndez Salmón, pero pesa demasiado el desencanto. Desde luego lo seguiré intentando con Derrumbe. A veces las decisiones de nuestras lecturas no deberían ir tan de la mano de la crítica, pues puede suceder que sea la misma crítica la que aplauda a autores con los que comparten más que la literatura.

viernes, septiembre 12, 2008

Hoy me asaltó el recuerdo de Merceditas, la niña coja, ¿te acuerdas de ella? caminaba arrastrando con disimulo el pie derecho, como un ángel caído. Daba la impresión de que se acababa de torcer el pie. Pero no, Merceditas nació sin poder hacer el juego del tobillo. Su piernita crecía rígida. Siempre tardaba más. Tardaba más para llegar al cole. Tardaba más para salir al patio. Tardaba más para encontrar nuestro escondite en el que nos quedábamos horas, hasta que se nos olvidaba que nos estaban buscando. Merceditas no jugaba al truque. No podía adoptar la figura del flamenco dormido. Se limitaba a mirarnos con su bocadillo de mortadela en la mano, al que daba pequeños mordiscos. No sé si alguna vez hablaste con ella. Yo si. Cuando nadie me veía solía contestar sus preguntas. Tenía un aire intelectual Merceditas. Me hablaba de La cripta embrujada y yo le preguntaba si era una historia de Enid Blyton. Sonreía magnánimamente, como excusando y me explicaba lo divertido que era aquel libro. ¿Te apetece venir a mi casa y lo leemos juntas? Pero yo no tenía tiempo para Merceditas.

Siempre la veía alejarse tranquilamente, dándose oportunidades. Tuvo la suerte de aprender que no vale de nada la prisa, excepto para caer. La vida se nos viene sola, a su ritmo, al compás de un cojeo. Desde atrás se la veía arrastrar el pie con disimulo. Me pregunto cuántos libros irá por delante de mí.


lunes, septiembre 08, 2008

Hoy las nubes han caído hasta sus pies como un ejército triste. Juana de Arco recorre el Paseo de Recoletos cortando cabezas a su paso. Casi no se puede caminar en el valle de las Termópilas.

 

Parece que llega tarde y el árbol no aparece. El agujero negro de su pecho lo siente lleno de melancolía barata. Tantas ganas de nacer. La mano en el pecho. Al fondo, una goleta gris de siete palos aguarda su llegada cuajada de persas y economistas.

 

Un anunciante grita las noticias desde la torre más alta, tienes derecho a morir, tu cuerpo es tuyo. Nosotros, los snobs, te ayudaremos. Smells like you parecen canturrear las flores. No se puede enfrentar una batalla habiendo desayunado sólo un love will tear us apart.

 

Un sombrerero loco va sujetando su cola de seda y organza para que no arrastre por el suelo lloroso. Tienes que estar guapa de blanco. Ella embarcará para no volver. Eso debería saberse. Hundirá espadas en los pechos desnudos, beberá su tétrica victoria con entusiasmo y llorará en silencio su marcha. Porque ella embarcará para no volver. Eso debería saberse.







viernes, septiembre 05, 2008

jueves, septiembre 04, 2008

Este vivir incompleto

tragando pedazos de cristal,

ahogándome en imprentas, ficciones,

este soñar con toda la nada

de hermosas maldiciones.

 

Este tormento de gatos muertos

de herrumbre

de arañazos y lamentos.

 

Este amparo en la metáfora,

en la libropatía compulsiva.

 

Este doliente respirar

el aire viciado de ti,

sólo consigue que quiera escapar

huir, correr

de este cuerpo que hoy me acoge.

 

miércoles, septiembre 03, 2008

Entre estar triste y depresiva. Con ganas de viajar al último confín pero sin moverme del sitio. Entre querer descubrir el mundo pero sin dejar de levantar la vista. Entre querer percibirlo todo pero sin llegar a abrir los ojos. Entre querer ser todas pero ni siquiera ser yo. Cansada de las verdades indelebles, cuando parece que sólo el amor puede arreglar el mundo. Un mundo amenazado por la noche polar. Espera, un segundo. Stop. Parece que ha quedado ceniciento. Si ha quedado gris, será que lo es. Cansada. Muy cansada.

lunes, septiembre 01, 2008

Me encantan los comienzos de mes. Son como si se abriese la veda a las oportunidades. Algo así como mes nuevo vida nueva aunque casi nunca se cumple. Mes tras mes todo sigue igual. Yo sigo con los apuntes. Es como un vicio. Apunto un apunte, y después, un apunte del apunte. Los separo por meses y por temáticas y garabateo el cuaderno Kukuxumusu con frases que no llegarán a ninguna parte. Allí apunto que AM recomienda encarecidamente Dietario voluble, de Vila-Matas. Es más, se lo recomienda a todos esos individuos que se creen escritores, dice: "pensando esas tonterías en lugar de envidiar determinada manera de escribir a la que ellos no llegarán ni volviendo a nacer, se despistan y se caen dentro de la bañera, se parten lo que les queda de espinazo y terminan medio ahogados. Hombre, no pierdas el tiempo, lee Dietario voluble y a ver si aprendes a escribir."

Hoy creí que iba a ser distinto. Sí, lo confieso. No sé cómo de distinto, pero diferente. Sin embargo ha sido como siempre, pero con más gente. Nada significativo, simplemente que no puedo leer como en el mes de agosto. Resulta imposible extender con ganas las páginas del periódico. El tren frena, la gente empuja, los enamorados se besan. En fin, la rutina me devuelve el ADN, un periódico de tirada gratuita que lejos de ser una maravilla (una vez leí que hablaban de un tal Jose Luis Borges, asi que imaginen), siempre suele contar en la sección de cultura con alguna entrevista interesante. La de hoy no me interesaba, pero me entero de la nueva película anime de Hayao Miyazaki.

Tanto a mi hijo como a mi nos fascina su mundo. Nos enamoramos de El viaje de Chihiro y de El castillo ambulante. Nos enamoramos de sus personajes, de su color. Ahora vuelve con una versión de La sirenita, de Hans Christian Andersen –escritor que, por si no lo saben, después de cada paja rezaba- titulada Ponyo on the Cliff by the sea.


Miyazaki dice que le encanta el pincel, que seguirá usándolo mientras pueda y que eligió esa historia porque necesitaba dotar de alma a ese personaje que injustamente en el cuento original no la tenía. Así que, apunte al canto. Y no les he contado que he recortado una imagen de Le Corbusier semidesnudo (no se quitó las gafas). Ésa la guardo para ponerla junto a la de Pasolini que también anda semidesnudo (le tapaba un libro abierto). Asi, da gusto. Septiembre ya lo he estrenado.