miércoles, julio 29, 2009

miércoles, julio 22, 2009

Desde el destierro

Cada noche, después de ver llorar a los espejos, te espero como un centinela, sentado en este absurdo banco.

Sé cuándo te aproximas por el viento que agita tu falda.

Entonces me preparo. Abro el periódico y me oculto tras él. Tú apareces como las vírgenes suicidas. Ocurres como un milagro. Contemplo tu rostro. Me detengo en tu boca y siento que el hambre me devora. Me postraría ante ti y te comería abriendo mucho la boca, intentando tocar con la lengua el rosario de tu cielo hasta zambullirme dentro.

Y bajar.

Bajar al infierno de tu cuerpo. A tu infinitud. Quedarme a vivir en tu vientre. Ser tu feto y asomarme a la luz que resplandece al fondo de ti.

Ser estornino extraviado.

Nadar. Querer ahogarme. Nacer y morir dentro. Fundirme. Ser la sangre que te baña. Que vieras en tu mirada, mi mirada. Que lloraras para rodar por tu piel.

Todas las noches, después de derrochar mis fantasías, veo cómo esta religión se escapa de mis manos. Los dioses se desmoronan en un chillido, afilado como una navaja, rompiéndolo todo a su paso, rompiéndome a mí. La fe me abandona agitando un pañuelo cuando, en el camino de arena, pierdo el perfil de tu mirada.

Te alejas sin hacer ruido y una brisa, como de veleta, acaricia mi cara.

Entonces vuelvo a quedarme solo en este estúpido banco, harto del precioso sacrificio.

Sé cuándo te alejas por el surco en el camino, por las hojas arrastradas. Y así, ensimismado en tu universo de destierros, te emplazo, mi bendito fracaso, hasta mañana.


domingo, julio 19, 2009

martes, julio 14, 2009

Qué cansada estoy de no ser
o de ser a medias.
Agotada de permanecer
en esta cruel deriva.
Quién sopla.
Viene todo este ruido callado
a tocar mi espalda,
a obligarme este sueño
que tantas veces he detestado.
Quiere su voz seducirme
y obligada sigo su rastro a ninguna parte.
Perdida en este dulce tormento
de aniquilarme,
encuentro mis harapos
tan suavemente ermitaños de mi.
Y vuelvo entonces al castigo
que me trajo hasta aquí,
de nuevo al extravío y entiendo
que sólo así, no siendo
soy.


Nota: Probé para enviárselo a mi amigo Roger y me gustó -por lo visto, a él también-. No sé si es válido. En cualquier caso, lo pasé bien haciéndolo. ¿Lo repetiré?

How tired I am, not being
or being half.
Exhausted to stay
in this cruel drift.
Who blows.
It comes all of that silent noise
to toucht my back,
to bind this dream
many times hated by me.
Its voice wants to seduce me
and bound I follow its trace to nowhere.
Lost in this sweet torment
to annihilate myself,
I find my rags so sweetly hermit.
And I come back then to the punishment
that brought me here,
again to loss and I understand
only then, not being,
I am.

jueves, julio 09, 2009

Querida amiga:

Creo que esa falta de retoricismo puede verse suplida por el peso del nombre otorrinolaringólogo, aunque te confesaré que es una palabra que odio, la odio con toda mi alma, la mataría. Es de esas palabras que preferiría no recordar... porque me hace daño. Mucho daño.

Hace calor. Hay espejos en el asfalto y el horizonte es un sueño que vivo despierta. Casi se pega mi sombra al alquitrán. De vez en cuando miro y sigue tras de mí. Gracias a dios-en-minúscula llego a mi templo favorito. Busco a Ingeborg Bachmann. Unos libros tapan a otros. Todos están muertos. No la encuentro y mi idea primigenia va quedando atrás, entretenida en algún lugar de la piel. Está Rilke y está Brines y está Margarit y está ... tampoco está Rosa Chacel con su cara de abuelita buena. Tendría que dirigirme a uno de esos hombres verdes y pedirles cortesmente que movieran aquellas estanterías. En cuclillas recuerdo que en algún momento deseé leer a Luis García Montero porque habla de lavadoras y de tiendas de muebles. Cojo el libro. Es suave. Me gusta el olor que desprenden las páginas al pasarlas. Me gusta el viento que agita mi interés. Hace que mi pelo se mueva. Casi por inercia dejo de buscar y me quedo con él. Suspiro.

Ahora me mira desde la mesa. Mi yo se esconde de nuevo entre ropa pop.Tendrá que esperar mientras despierto lentamente. Es tan dulce despertar... Ojalá pudiera cerrar los ojos y despertar mil veces.

Cierro los ojos muy fuerte y espero.
Y espero. Deja, por favor, toda esa tierra en tu oído. Es para mí ¿recuerdas? para mí. Y en ella me recluiré.

Y espero.

lunes, julio 06, 2009

El bebé Cadum me mira
desde su confortable rectángulo azul,
como queriendo decir,
entre suaves sortijas de oro,
que las renuncias de hoy,
mañana
se volverán flores carnívoras en los pulmones.

Sólo queda la espera.