miércoles, marzo 31, 2010

Iconografía

En este sombrío pasillo
huele a flores recién cortadas,
como si un recóndito jardín se escondiera
bajo los cimientos de la habitación.
Mientras yo, de rodillas, reclamo a los dioses,
días heroicos, lunas de siete puntas, noches sin estrellas.
Ninguna concesión.
Salvo el fieltro rojo, nadie ocupa el retrato
que permanece vacío en la alcoba vacía
de esta casa vacía de nombres vacíos.
Y se lamentan los retratos ausentes de iconos.
Y se lamentan los dioses de su vida de plástico.
Y se lamentan las flores que agonizan
en algún lugar lejano,
no un jardín,
sino en el solo jarrón de un campo santo.