jueves, enero 21, 2016

Palabras

Palabras,
tan importantes como amor,
tristeza o soledad.
Rotundas. Muerte.
Muero o morir para siempre con una sonrisa. Lo he pensado, por eso lo he escrito. Conjugar el verbo
como una canción infantil.
Palabras y más palabras.
Se dicen. 
Bla bla bla suenan. Se oyen, sí. Se leen. Pero ¿significan?
Decirlas como columpiarse fuertemente una tarde de verano. Rozar ese límite con la punta de los pies. A punto de salir volando.
Se escriben para dotarlas de sentido, para perpetuarlas. Ejecutar de algún modo.
En un cuaderno pequeño y bonito.
Es importante que el cuaderno sea bonito.
El mío lo es. 
Y el bolígrafo con punta 0.5 de tinta líquida.
Cumplo los requisitos.
Escribo amor, también escribo tristeza.
Escribo muerte.
El deseo no se escribe porque queda sobreentendido.
Leo lo que escribo. Lo oculto.
Escribir lo que se piensa para, después, tacharlo, como seguir un camino, una senda en un cuento tradicional. Una niña que, sola, pasea.
Escribo vida. Dibujo un corazón. Una flecha que lo atraviesa. 
Jamás un corazón atravesado podría sobrevivir durante mucho tiempo.