martes, septiembre 23, 2008

Comienza este triste espectáculo
de la alegría fingida,
la de galones al sol,
la de apretones al desamor,
la de los padres, la de los hijos,
la de los hijos de su padre,
la del adiós.


La domadora de leones,
como ya es costumbre
se sacude ese olor rancio que tiene la existencia.
La mona funambulista,
orea su ánimo tendido en la cuerda tan manida,
dispuesta a perder de nuevo su vida,
y la payasa infeliz, se pinta los labios
de rouge 66
y todo, para fracasar again.

Mientras, la mujer barbuda
no deja de practicar
esa violencia doméstica que tan bien asimiló,
ay que ver, lo fuerte que es y lo dócil que parece.
Luego, después, la gente dirá
no sé que pasó,
era una mujer muy amable.

El motorista chino,
esta noche apenas ha dormido,
pensando en los valores de la bolsa
de los que se mantendrá retraído.
Por lo demás, hay un león harapiento,
una cuerda floja,
una cereza de silicona
una barba roja,
hasta una pobre vieja.

Por lo que se ve hay sobrecarga en la red,
pero eso significa que todo está preparado
para este triste espectáculo
que comienza y termina
cada día.