jueves, diciembre 31, 2009

Flores de vida, de muerte, de espera.

Y entonces, Praga,
en mis manos,
adiós
con el frío en los dientes
y el miedo en el pelo.
El lenguaje de Tzara
reconcomiéndome por dentro.

De nuevo, el retrete
cuajado
de rabiosas amapolas.
La espera se hace
silente poema.

miércoles, diciembre 23, 2009

Poema infinito

ayuda
por favor ayuda para esta vida
ayuda
por favor ayuda
para esta vida
ayuda
por favor para
esta vida
ayuda por
favor para
esta vida ayuda
por favor
ayuda por favor
para esta vida
ayuda


Poema del dolor que puede ser recitado infinitamente en una esquina de la calle Serrano.

lunes, diciembre 21, 2009

Aquella música.


Detestaba su música.

Así que le arrastré hasta el corazón del bosque, y allí, cavé profundo, dejándole ovillado junto a su violín, bajo la tierra mojada, entre corcheas lamiéndole la cara.

Cuando matas, el frío no existe. Deseaba glorificar mi crimen con un baño en el lago, completamente desnudo, ofrendando mi blanda carne a la luna, pero los lobos, convocados por el aroma, han seguido mi rastro, lamiendo vorazmente la nieve roja.
Me encuentran para saciar su hambre. Mi sangre es menos roja, pues se diluye y se orilla en la nieve, donde busca aquella música asesinada.
(La imagen pertenece a Domingo Hidalgo)

jueves, diciembre 17, 2009

La miel cenagosa de mi rímel.

Al otro lado de la frontera,
las flores
también son bonitas.

viernes, diciembre 11, 2009

Yo siempre quise tener un poema que se titulara Arte poética.




Arte poética.

Y pregunto por el otro,
ese que me exige
en el espejo de la palabra.
Ventana del mundo
que pernocta en mi escritorio
como una prótesis de vidrio y sus voces,
una montaña de decisiones
que me resumen en un pequeño milagro
y retiran el velo
que me cubre la cara para mostrarme
como una revelación contenida
-mi yo misma-
cuando pienso en verso
o digo tu nombre.

domingo, diciembre 06, 2009

Ejercicios de identidad.



A propósito de El gran cuaderno, de Agota Kristof.

jueves, diciembre 03, 2009

Llovía.

A mi padre
que mora en la lluvia cansada.


Llovía.
Desde entonces, siempre llueve
tristemente,
llueve tu piel tu cabello llueven tus huesos
La lluvia me cala
y huele la madera a mojado a tierra mojada a ti mojado
Los días grises traen
tu imagen a mi memoria tus manos
duras esa última mirada
Llovía
como diciendo adiós
tú sabías que era una despedida y llovía
con furia con miedo con angustia todo se empapaba.

Nos gustaba escuchar las gotas bajo la tela
cuando la lluvia no era muerte,
sentirnos protegidos en casa
calientes felices junto a la ventana
y un pitillo mordido una copa acabada.
Me gusta que llueva, con tristeza
miro el suelo mojado mientras te camino despacio.
Huele a flores a tabaco a ti mojado
y llueve sin agua porque ese día llovía
y desde entonces, siempre llueve
tristemente.


Yann Tiersen - Point Zero

miércoles, diciembre 02, 2009

no ser yo...

no ser yo
para hablar desde mi

bajo la negrura
otra Esther
con grandes bosques
en donde los lobos
lloran

una puerta
tras la puerta