viernes, septiembre 10, 2010

Carne cruda.

Los rotamente perdidos.
Autómatas
en su circulo
sin fin.
Aúlla el mal
desde lo profundo
-inalcanzable fin-.
Se llora.
Vastamente se llora
el desenlace
y queda cruda la carne
en los ojos.

Salvo miles de libros, no nos habíamos llevado nada.

Escribe Thomas Bernhard en Un niño que “cuando habla un hombre sencillo, es una bendición” y, además de ser una idea cierta, es tanto más ...