Es hermosísimo ver el amanecer de una gran ciudad.
Diríase que el mundo aún está vivo.
Farolas sobre fondo rosa rasgado de nubes, veloces, detenidas como en una instantánea.
Torres metálicas, andenes y cables.
Pájaros durmientes en hilera, ventanas desperezándose;
sábanas.
Acostumbramos la mirada a estos elementos y los consideramos hermosos.
Yo así lo veo. Y sí,
es cierto que hay un rumor de motores.
Un ronroneo de comienzo.
Desde el ángulo de la ventana de este tren, aparece
como un milagro.
Uno de los acontecimientos que no podemos modificar
a pesar de nuestro maléfico ingenio.
Un hecho
que nos recuerda
que aún estamos vivos.