Aquella música.


Detestaba su música.

Así que le arrastré hasta el corazón del bosque, y allí, cavé profundo, dejándole ovillado junto a su violín, bajo la tierra mojada, entre corcheas lamiéndole la cara.

Cuando matas, el frío no existe. Deseaba glorificar mi crimen con un baño en el lago, completamente desnudo, ofrendando mi blanda carne a la luna, pero los lobos, convocados por el aroma, han seguido mi rastro, lamiendo vorazmente la nieve roja.
Me encuentran para saciar su hambre. Mi sangre es menos roja, pues se diluye y se orilla en la nieve, donde busca aquella música asesinada.
(La imagen pertenece a Domingo Hidalgo)

Comentarios

sonoio ha dicho que…
un crimen pasional y un buen relato

un beso
Cloe ha dicho que…
me gusta este blog, un saludo.
PÁJARO DE CHINA ha dicho que…
La música puede despertar instintos homicidas furibundos. Y la sangre que la aniquiló vuelve a ella (el odio está tan cerca del amor ...).
Miguel Ángel Maya ha dicho que…
...Estremecedora música, chère Esther...
...Me tranquiliza saber que es mucho más difícil enterrar a alguien con un piano que con un violín...
...Besos con mucha música...
Esther Rodríguez Cabrales ha dicho que…
No creas Miguel Angel. Todo es cuestión de cavar un poco más profundo.

Aprovecho para daros las gracias por vuestra presencia incondicional en este lugar que últimamente calla y desearos unas felices fiestas.
Stalker ha dicho que…
Dondequiera que vayan los lobos voy yo.

Delicioso surco.
Clo ha dicho que…
hermoso...
un gran círculo perfecto.