Mírame.
Soy aquel bebé que nace cada noche en tu cama, entre sangre y esperma, rompiendo el silencio inventado.
¿Me reconoces?
Cuando llega la noche me abrazas hasta matarme.
Lentamente muero a cada instante mientras me miras, mientras me lastimas.
Muero mientras los perros ladran y tus dedos desertan en mi mientras las voces.
No tengas miedo es tan dulce morir.
Muero a pesar del dolor, a pesar de ti.
Muero perdida en Praga, esperando un tren.
Cuando llega la noche permanezco ansiosa a que me des muerte para nacer de nuevo,
llena de escamas.
Perdida con el camisón remangado.
Siempre escamas blandas escamas.
Ven. Acúname.
Esther Cabrales (Madrid, 1973). Poeta. Ha cursado estudios de Derecho y de Filología Hispánica que jamás concluyó, porque siempre estuvo profundamente dedicada al sector financiero. Ha publicado Erosión (Renacimiento, 2017), Cuerpos (Renacimiento, 2019), Animal (Torremozas, 2021), Lengua muerta (Páramo, 2021), Mondo (Bajamar, 2024). Poemas suyos han sido incluidos en antologías nacionales, como son Rojo Dolor (Renacimiento, 2021), Distopía en femenino (Elenvés, 2023).
jueves, agosto 27, 2009
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8 comentarios:
ternura y pasión!
combinación altamente poética
besos esther
Es tan dulce esa forma de morir. La has descrito a la perfección.
Me ha gustado mucho ese detalle tan tierno del camisón remangado.
besos
Sonoio, gracias por tus regalos explosivos, eres como una exhalación. Vienes corriendo, dices y te marchas corriendo.
Esa imagen, Rubén, la del camisón remangado, fue muy evocada por los poetas del imaginario surreal. La madre de René Magritte se suicidó arrojándose a las aguas del Sambre, y se ahogó con el camisión remangado hacia arriba. Terminó siendo una imagen inspiradora del pintor y a mi me entusiasma.
Gracias por pasarte por aquí.
Hermoso poema, de intensidad aglutinada en la pupila.
Te cito una canción, que se me hilvana a veces en la mente con tu texto cuando lo leo, no sé muy bien porqué.
Holocaust, de Big Star.
Un saludo Esther
Pues no conocía ni al grupo ni la canción, así que gracias... Portinari, y gracias por venir y leer este poema, en serio.
Con qué sutileza podés decir un instante demoledor. Somos peces, flotando boca arriba y boca abajo al mismo tiempo. Cada vez que entro en esta casa me pierdo en los pequeños detalles exquisitos, como la página de cuaderno escolar, con tachaduras y dibujos a mano, de la que sale la música ... Besos, muchos.
Fantástico. Hacía tiempo que no pasaba por aquí y, la verdad, lo echaba de menos.
Un beso.
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