Viaje en cuatro actos

Hace unos años, cuatro quizás, se me alentó para que escribiera un poema y participara en una antología, dirigida por Begoña Callejón y Ana Tapia, sobre el viaje. Fue una edición preciosa en la que participaron poetas de verdad y, eso, me llenó de orgullo. Elena Medel, Luis Bagué Quílez, Ben Clark, Vicente Luis Mora por mencionar algunos de ellos. Bajo el auspicio de la lectura atenta de Valery y de su Cementerio marino, se gestó mi poema que, hoy, al releerlo siento rechinar algo dentro, errores que no vi adecuadamente por ese resbalar que propicia la maternidad, donde el mayor problema es tener alimentado y abrigado a tu bebé. Ah, la vida. Cuánto se aprende de ella. Cuánto relativiza. Y cuánto se la valora.
Por eso hoy reparo en su lectura, después de tanto tiempo, y pienso que esos errores que cometí ya no se pueden corregir. No en ese libro. Podrán evitarse en otros poemas, a pesar de que aparezcan otros peores, digamos distintos, pero no ése. Aprendo y soy dadivosa, me gusta, me hace sentir libre y feliz. Mi viaje en cuatro actos es altamente críptico. Extraño. Pero aún hoy lo escribiría.

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