viernes, junio 11, 2010

Lloviéndome.

Mojó mi deseo fósil la apetecida lluvia.
Lo hizo blanda realidad y ahora
es tiempo de temblar, pienso,
pero como lo haría el trigo al viento,
resistiéndole espigado.
Así yo a tu miedo,
oponiendo con grácil gesto
toda adversidad.
Piedra flácida
que exponencial crece
apuntando al día abovedado,
acercándose despacio al sol.
Canto que a trompicones rueda
quiere el viento pulirte
en su sueño de redonda arquitectura,
ah, de nada te servirá esquivarlo,
procura tu solidez a las caricias
que a tus aristas moldearán
y oponte como un verso lo hace al miedo.
¿Qué otra lluvia podrá complacerme ya
sino ésta templada
que parece relegado vestigio?

5 comentarios:

PÁJARO DE CHINA dijo...

Sí, cuando el deseo despierta, es hora de temblar. Resistiendo los embates del viento, como se opone el verso al miedo, con la deliberación de las espigas. Bellísimo, Esther. Besos mojados por tu lluvia.

Danilac dijo...

Estos poemas de folleteo molan mazo.

Esther Cabrales dijo...

Algo más hay, Dani. Busca entre la maraña.

Darío dijo...

Ayyyyyyyyyy...si...no a otro lugar tan hermoso podía enviarme mi amiga Pájaro. Es precioso. La lluvia es hermosa y esas piedras tan particulares mojadas por la lluvia...

Esther dijo...

:)

Adonde te lleve el cabo de un hilo.

U no llega a Vladimir Maiakovski no por casualidad. No es fácil toparse con ese autor siguiendo la senda aterciopelada de la impasibilidad. ...