miércoles, marzo 22, 2006

CONVERSACIONES DE UNA HIJA CON SU MADRE VIVA

Ella se da de bruces cada día con la realidad, aunque su tenacidad le ayuda a remontar. No quiere ser vulgar, y algo le dice que ella no lo es, algo encierra en sí misma pendiente de ser descubierto, siente que es especial, por eso en ocasiones, su persistencia puede resultar petulante. No importa. A ella no le importa. Le han enseñado a luchar con ahínco. Lee todo lo que cae en sus manos, o casi todo, e intenta guardarlo en la rejilla de su cerebro, excepto la política, no, eso no le gusta, le aburre. Mal. Intenta cultivarse en otros aspectos, con paciencia, pero con arrojo. Señala frases que aplica a la vida según su conveniencia. Y hoy ha señalado una frase que dice que el estilo es una serie de talentos aunados. Y sueña. Es fácil verla soñar. Suele abrir los ojos para hacerlo bien. Fija su mirada en un punto y se deja llevar y se puede ver perfectamente cómo se eleva. Ella se pregunta por qué razón sus mejores planteamientos literarios sólo vienen en situaciones inverosímiles, casi imposibles. Cuando camina, cuando le hablan y no le interesa lo que le cuentan, cuando se ducha, cuando tiende la ropa, cuando se pinta las uñas. Porqué extraño motivo, cuando coge un bolígrafo entre sus dedos se siente encarcelada, su mente se agarrota. I wanna to see, I wanna to see, I wanna to see this for myself , escucha de camino de casa. Le gusta apuntar cosas en su libreta. Textos. Frases. Palabras. Y piensa dedicar un pequeño texto a la conversación de una hija con su madre viva.

Yo ya no compro de casi nada. Todo el mundo está enfermo, ¿es que no lo ves?. Comemos animales enfermos. Antes, (cuando su madre decía antes, se refería a su niñez) cuando un animal enfermaba, terminaba muriendo y se acababa ahí la historia. Por esa razón sólo comíamos animales sanos. Los enfermos morían. Pero hoy.... ¡ay, hoy...! ¡hoy los curan! Comemos animales curados. No puede ser. Les dan penicilina. Antes, las vacas comían hierba en el campo. ¡A saber Dios qué comen hoy! Pienso... es como si nos comiéramos a nosotros mismos. Y el pescado... ni probarlo, ¡con la de negros que se caen al agua que no llegan a recoger! Yo con un poquito de pan y aceite, estoy lista. Y no es que no me quiera morir, no. Porque de algo hay que morir... Por cierto que yo quiero que me incineren, sí, lo tengo claro. Pero, mira que si estoy aún viva y me duele.... Mejor será que me entierren.

¡Pero mamá, qué cosas dices! ¡Cómo no vas a estar muerta! Si lo estás, es que lo estás.

Vete tu a saber. No sería la primera a la que entierren viva.

Poe.

¿qué?

Nada, mamá. Que si has de estar viva, mejor será que te quemen, porque aunque duela, al menos será más rápido que el que te entierren viva y tengas que esperar a que se acabe el oxígeno.

¿Dónde vas ahora? No has terminado de comer....

Voy... a ver si encuentro una cadena más larga para el perro de la vecina que no para de ladrar. A ver si quiere el destino cambiar el sino de las cosas y que desemboquen aquí.

¡Qué niña más rara!

Especial, mamá, especial.