martes, abril 18, 2006

EN EL BAÑO

Imagina, por un instante, que no estás aquí, sino que has volado, has extendido tus mullidas alas, hechas de plumas de pirita y juncos de plata y has llegado a ese lugar.

Allí.

Y allí, ¿qué hacer?, tanto tiempo soñando con llegar, con poder estar, y ahora que lo has conseguido ¿no sabes que hacer?

Piensa.

Cierra los ojos y siente. Percibe cómo llegan los sonidos hasta tus oídos, amortiguados por las sombras. Nota cómo recorren tu cuerpo, leve e ingrávido. Descubre cómo afloran tus sentidos ahora que no ves.

¿Qué haces, cariño?

Nada, estoy en el baño.

Vuelve a cerrar los ojos. Continúa. Algo nuevo aparece allí. No es una persona. Aunque la estabas esperando. Deseabas que estuviera allí.

Es el Aleph, ¿porqué no? ¿porqué te extraña? ¿acaso no lo mereces? Entonces, calla y siente cómo se desvanece la realidad, cómo se filtra entre tus dedos, como el agua cristalina. ¡Cógela!

Río.

Sí, río por tu pueril ignorancia.

Abre los ojos. Se acabó.

¡Ya voy, coño!