domingo, agosto 24, 2008

Chácharas y otras locuacidades



Sin embargo, yo, una de las tres o cuatro lectoras que -según sus palabras- aún le soporta, diría que ni una sociedad como la religiosa, ni tampoco una como la idolátrica saben afrontar la muerte con naturalidad cuando es la mala fortuna la responsable. Que levante la mano quien afronte la muerte con naturalidad. Le aseguro que es difícil para todo el que se lo proponga, religioso o no. Las sociedades, tanto las idolátricas como las religiosas, sólo tratan de encontrar algún tipo de consuelo. Las religiosas apoyándose en el colchón que le ofrecen los autos sacramentales, el desahogo del bisbiseo continuo y abrigándose con la esperanza de un Paraíso donde no hay polilla ni herrumbre que corroan, ni ladrones que roben. Las idolátricas, enfrentándose al miedo con la pseudoreligión del entendimiento promovida por los medios y llenando los bolsillos de información a mansalva, y sí, convocando “padrenuestros de la nada” o padrenuestros del silencio, no por ello menos sentidos.


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Pero, yo no podría ser tan suspicaz –en eso siempre le admiro- considerando ese aluvión de información como cháchara, cuando hablar, comunicarse, es el recurso que nos queda a los hombres para entender, para comprender no para confundir o para entretener. Con esto no defiendo la perversión televisiva que es otro tema bien distinto. Quizás la comunicación sea el único instrumento válido que nos queda para enfrentarnos a la muerte con un mínimo de naturalidad, porque seamos justos ¿quién puede enfrentarse a la muerte con naturalidad? ¿usted puede?

Tal vez no buscando consuelo en la vida eterna, mucho menos en el entretenimiento –pues carece de sentido-, simplemente no buscándolo. Tan solo aceptando la realidad sin dejar que ésta nos hunda a lo más profundo. Y para ello, el lenguaje, la comunicación, la información, y con ella, el pensamiento y la reflexión es una pieza clave. ¿Cuáles son las grandes preguntas? ¿para qué las grandes preguntas? A mi me gustaría saberlo. ¿Y de qué vale la esperanza en el verdadero paraíso? Esas preguntas, que tan solo sospecho, me producen gran desazón. Agujeros negros en el alma. Podríamos pensar que tan falto de valor es buscar cobijo en la hermética montaña de la religión, como hacerlo en el inmenso océano de la información. O son las dos válidas. Quizás lo único válido sea la búsqueda del consuelo y el alivio de la pena personal, cada uno como sepa hacerlo, al fin y al cabo, se trata de un valle de lágrimas para ambos. ¿No cree?