viernes, agosto 01, 2008

El mar


Todo un invierno añorándote. Mis idas y venidas, cargada de apuntes, listas, voces, no alcanzaban a ver mas que asfalto, dinosaurios metálicos en sordina y la vaga idea de ti. Qué lejos te sentía; a ti y a las casas azul evangelio, a las señoras saliendo de su madriguera como topos albinos, a las azaleas, al olor a aftersun, a los Spar, a las novelas románticas al amparo de las piscinas, a los periódicos mojados, al oleaje cansino, al runrun del mar. Sabía que existías, allí a lo lejos, más allá de Cibeles que te desdice a diario entre espejos y brillos y embustes. Sabía que no cesabas, como yo, que no paro sin ir muy lejos. Nadie se queda quieto, salvo yo, dice un personaje de Sólo de lo perdido. Yo estoy quieta, pero no paro. Ahora que te tengo cerca, respiro tranquila. Cuando todo el mundo se ha marchado, nosotros nos quedamos mirándote, callados, y coincidimos pensando que eres mágico.

Se ha venido conmigo Carlos Castán (Barcelona, 1960) y su Sólo de lo perdido, una colección de relatos, que una vez abierto, es como leer un álbum de fotos. Pero tanta imagen, concatenada y reiterativa puede llegar a saturarme, claro que es como empacharse a comer caviar, aunque la resaca posterior no te la quita nadie. Tonteando con Rayuela me doy cuenta de que hay similitudes entre esas descripciones. Supongo que Cortázar es un maestro y es difícil no sentirse tentado a usar su arte.

Yo sigo con mis notas, mis apuntes, mis garabatos. Alguna ilusión guardada en el bolsillo. De vuelta a Madrid me he acercado por la biblioteca a renovar mi carnet. La lista con la que me acerco es especial, como todas mis listas. Que a decir verdad no son mías, sino que voy robando a cada autor. A Luis Alberto de Cuenca le he robado la lectura de La muerte en Beverly Hills, a Fernando Marías, Locus Solus, son libros que les han abierto un nuevo camino, una nueva mirada, pero también hay títulos que llevo a rastras desde hace tiempo y que son antojos míos, como El secreto del Bosque Viejo, de Dino Buzzati, o La otra voz, de Octavio Paz. Buenos refugios, buenos hogares. De nuevo en Madrid, de nuevo a no parar sin moverme del sitio.