miércoles, junio 25, 2008

Fear

Aquel escritor me invitó a pasar a su casa. Pase, me dijo. Su puerta era una puerta común. Gris. Lisa. De la que no colgaba ningún nombre. Pero era amable. Y yo pasé. Siéntese, por favor, póngase cómoda.







Llevaba una máscara. De esas narigudas venecianas que se usan para los carnavales. No le di importancia. Quizás no quise darle importancia. Me gustaba su tono. Su talante. Me senté y ... fue él quien comenzó a ser críptico. Yo intentaba descifrar aquellos mensajes fragmentarios, uno tras otro. ¿Ha visto usted 24 hour party people? Claro, le dije. Me empezaba a doler la cabeza.


La máscara era blanca. Llevaba brillantes y puntillas doradas. Llámeme Patrick o Luis Mariano, tanto da. Yo le dije mi nombre, orgullosa, ignorante. ¿Qué teme usted?, inquirió. Al miedo, dije, sin saber muy bien por qué. Fear is my best friend, contestó. Si. Eso es. Yo también le conozco. Él gesticulaba. Lo hacía muy exageradamente. Su mano chocó con la máscara y ésta cayó al suelo. Descubrí un rostro sin rostro. Bajo la máscara sólo había carne. Aunque parecía fresca. No había ojos, no había nada. No pude evitar que me saltaran lágrimas. Recordé entonces a ese muchacho tocando la batería sin cesar como poseído. Y recordé el tic-tac. Pero no un tic y después un tac. Sino un tictac desquiciante, infinito, palpitante, eterno.



Black tears. Como cuando pelas una cebolla. Te mentalizas, pero al final lloras. Se corre el Channel de los ojos. Le dije que no se preocupara. Que no me importaba su aspecto en absoluto. Pero fue en vano. Me echó de su casa. No sin antes darme una llave diciéndome: guárdela, le abrirá puertas. Poco a poco. No se precipite. Todo irá llegando. Si me necesita mándeme una carta y deposítela en el buzón.



La puerta, su puerta, quedó tras de mí, hermética. De pronto sentí la soledad. El miedo friolento vino a buscarme. Allí estábamos yo y una llave que no sabe qué cerradura buscar.