martes, junio 24, 2008

Cuentos [por Mario Benedetti]


No hay más que teclear Mario Benedetti en Google para que aparezcan cientos de páginas explicativas sobre su biografía y su obra. Por esa razón me ahorro el goliático esfuerzo y me limito a comentar muy someramente sus Cuentos en la edición ampliada de Alianza Editorial para que se me animen a elegir este libro y no otro.

Cada vez que concluyo la lectura de uno de los cuentos, me pregunto por qué me gusta tanto este autor. Supongo que se trata de esa capacidad que Benedetti ostenta como cuentista, capaz de engañar al lector con el dominio de la palabra y la persuasión, para dejarle al final emocional y literalmente tirado.

Empiezo a leerlos caprichosamente, sin ningún tipo de jerarquía. Ni siquiera la que el índice impone. Me dejo llevar por el señuelo de los títulos. Comienzo por De puro distraído y me llevo, en muy pocas páginas, el primer batacazo emocional “él bien sabía que no estaba hecho para la desesperación sino para el vagabundeo”, pues los personajes de los cuentos de Benedetti comunes y corrientes, están además, casi todos, tocados por la desgracia.

EXILIO. “Alguien desde atrás le había colgado una capucha” no es un comienzo, sino casi un final, o “pavadas que uno inventa en el exilio para de algún modo convencerse de que no se está quedando sin paisaje, sin gente, sin cielo, sin país”, que no es un final sino un comienzo, el de Geografías. En Soñó que estaba preso un presidiario soñador de la libertad, aun en libertad, se sueña preso. Y es que es reincidente en sus personajes la idea del encarcelamiento, aunque no físico, en una libertad fingida y extranjera. Como en No hay sombra en el espejo, cuento que, por un lado, trata sobre esos dobles imposibles literarios, concepto que ha obsesionado a otros tantos autores como Borges, Stevenson, Hoffmann, Maupassant y Henry James, entre otros (bonita antología, por cierto, Alter ego. Cuentos de dobles. Libros del tiempo. Ed. Siruela), “Ese Renato Valenzuela que está ahí, mirándome socarrón, pálido de tanto insomnio, es un remedo frágil de mí mismo, un facsímil sin sangre, un cosa” y por otro, sobre la ausencia de identidad y de desarraigo, “la estampa del espejo es lo que no quise ser: un fantoche gastado que convoca a la muerte”.

AMOR. El amor, como amor, es un amor extraño en Benedetti. El sexo de los ángeles es buena prueba de ello. Ángel y Ángela, y por las características que todos conocemos sobre los ángeles, sin tocarse, hacen el amor con las palabras. Es un cuento muy visual y sugerente que roza la fábula. Sin embargo, en La noche de los feos, Benedetti nos prepara para un contacto físico y premeditado, casi un contacto por conveniencia, aunque después nos demos cuenta de que los personajes no pueden quedarse sólo en lo físico, sino mucho más allá, ahondando en las desgracias más íntimas y cuyo final no puede ser mas que trágico, “mi mano ascendió lentamente hasta su rostro, encontró el surco del horror, y empezó una lenta, convincente y convencida caricia”. Hay un amor en Se acabó la rabia que es el que profesa el animal al amo. El perro, Fido, amigo fiel del hombre, en este caso, de un hombre al que le han sido infiel, es quien relata la historia. Con su ayuda abre los ojos a su amo y le muestra la prueba del engaño. Queda bajo la mesa la fidelidad del perro frente a la infidelidad de la esposa. Sólo al final del relato se da uno cuenta de la desproporción y la incoherencia de nuestras acciones.


ESCRITURA. El escritor que no escribe sobre la escritura, o es un impostor o es un ignorante. Autobiografía es un retrato de las modas del mundo literario. A través de este relato, acompañamos a un escritor en la escarpada búsqueda de la primera frase, esa que atrapará a quien la lea y que le catapultará como escritor de éxito, pero que tan sólo emergerá cuando uno no se lo imponga como fin. También retrata en Más o menos hipócritas, los tejemanejes que los periodistas son capaces de urdir con tal de conseguir una exclusiva literaria que poco o nada tiene que ver con la literatura. Un juego entre hipócritas, entre un escritor de ficciones y un escritor de realidades.

Lo que queda claro después de la lectura de estos cuentos es que, los personajes de Benedetti son personajes vivos, como cualquiera de nosotros, y llenos de sentimientos, buenos o malos, como cualquiera de nosotros, pero llenos de sentimientos al fin y al cabo, como cualquiera de nosotros.