jueves, marzo 13, 2008

MEMORIA

Desde que te fuiste

todas las mañanas son diciembre.

Hay hielo en los espejos

que me devuelven tu imagen,

la pesadumbre de una despedida en ruinas,

el reflejo de un hasta luego roto.

Todos los días son día tres.

El día de los adioses,

de los silencios, de los perdones.

Hace frío en las paredes de esta casa

y siento miedo cuando el olvido

busca tierra donde hundir sus brazos.

Por el pasillo huelo al serrín

de la madera de tus manos

orillado en mi pequeño sueño.

Aún soy una niña. Una niña de cerezo.

que corre por los pasillos del pasado.

Le calzo a mi rostro

una máscara blanca,

vacía de mirada

llena de trémulo silencio

y salgo a la calle virándote.

Hace viento en mi alma

y huele a crisantemos y claveles.

Me llega un silbido de tu voz callada,

que suena a memoria

que sabe a calma

y un escalofrío acaricia mi cara.

Nadie me dice nada.

Echo de menos

los congresos de pasiones

que nos reunían alrededor de ti,

de tu amor de roca,

de tus dedos de hierro

en el salón de las risas, política, sexo

un chato y por las noches, un beso.

Desde que te fuiste

todas las mañanas son diciembre.

Todos los días, son día tres.