jueves, enero 31, 2008

Invisible





Sentada sobre la espuma.

Invadida por un trajín arcaico.

Sangre azul. Papel blanco.

A mi espalda Sansón y Dalila.

¿Qué soy si tu me humillas?

¿Si me apagas con tu mirada descalza?

¿con tu desnudez masculina?

Me tragas. Muerdes. Matas.

Me anulas con tu porte academista.

Y es cuando la poesía calla,

cuando más me batalla

y me sube la arena por la espalda

para después nada.

Te aborrezco así,

en la forma acostumbrada,

con la envida desmesurada

que me ocupó cuando te vi.

Y te odio por ello Pérez Villalta.

Te odio hasta el fin.

Encierro

Tras la muselina y la seda,
un atisbo de luz que crece
impertérrito me recuerda
que aun habitando dentro de una caja
sigo viva.