martes, enero 22, 2008

Por caminar

Caminábamos sin rumbo definido.

Caminábamos por caminar.

Un paso. Otro más.

Sus pies pequeños, roedores, dibujaban trazas de inocencia.

Su mano acogía toda la paz del mundo, y sin embargo.

La noche caía, como la seda desde la cama. Y arriba, arriba la luna.

Bañando en leche el camino. De piedras. De tiza.

"Mamá, nos está siguiendo". Aseveró su boca diminuta.

¿Porqué mi alegría? ¿porqué mi tristeza?

"Querrá estar contigo". Entonces el amor. Subía las escaleras de mi esternón.

El amor eres tu, vida mía. Los dinosaurios metálicos dormían.

Algún murmullo más nos acompañaba.

Pero estábamos solos. En la vida. Tan solos como una cometa huida.

Baldía.

Viento suave de poniente.

Solos él y yo. En el aire flotaba una suerte de alegría.

Mientras, sus pequeños pies, ratones, pisaban con fuerza el camino.

Juguete de latón. Cartón piedra. Las dudas rascando la panza de una nube.

"¿Pero porqué nos sigue?"

Que porqué.

¡Qué fácil la vida cuando se es niño! Quiero ser niña.

La luna... luna entrometida.


(Esther R. C.)