viernes, mayo 30, 2008

Tiempos modernos

Ah, que no tienes teléfono móvil... y entonces, ¿cómo le dices a tu mujer que la quieres?

miércoles, mayo 28, 2008

Maniobras

Mi abuela es un patio de lilas.
Una polilla dentro de un bote de cristal.
Una sandía verde y blanca.
Mi abuela es un cobertizo enmohecido.
Una bolsa de Laynez llena de juguetes.
Un plato de arroz con leche.
Mi abuela es Mao Tse.
Un sol que nunca se pone.
Una imagen perenne.
Naftalina en el baño.
Mi abuela es una tele.
Y un cómic.
Y un no.

martes, mayo 27, 2008

Cartas a una extranjera



He intentado dibujar a Bukowsky y sólo he conseguido dibujar a un hombre como tantos otros, desgreñado. Se me mancharon las manos de negro y creo que cuanto más estudio, más olvido. Confundo a Bajtin con Lotman. Quizás eso sea exagerar. Pero me temo todo un fracaso. Ya me he pintado las uñas de grosella para lucir mis sandalias. Estoy harta de que me pregunten si no tengo frío. Claro que tengo frío. Me aburren las reuniones de trabajo. No me interesa lo que en ellas se dice. La voz grave. Las miradas de soslayo. Prefiero hablar de mis cosas pero nadie quiere hablar de ellas. Claro, son aburridas.

lunes, mayo 26, 2008

Lugares comunes. [por Camilo de Ory]



... sólo de noche uno se convierte en autor

de una novela tensa que se borra de día.

Camilo de Ory.

Que mi actualidad en cuanto a literatura se refiere no es adelantada, es bien cierto, pues avanzo en función del tiempo que me queda libre y del dinero que se deja perder por los rincones de la casa. Y esto queda patente con mi última lectura, Lugares comunes, de Camilo de Ory, para mí un libro de poemas mordaz y sugerente que obtuvo el Premio Internacional de Poesía Emilio Prados en el año 2005. Total ná.

Cuando uno conoce a Camilo y se detiene en su prosa, se hace de él una idea, si no equivocada, al menos dispar. Ese es mi caso. Desde luego nada que ver con su poesía, melancólica y taciturna que yo a penas conocía. No es que tratemos demasiado, pero lo poco que conozco de él difiere mucho de la imagen que guardaba antes de leer este poemario. Tiene más obras publicadas, también en prosa, y es columnista de La Opinión de Málaga, además de muchas otras actividades, talleres literarios, supongo que tertulias y un blog amenizado por unos comentaristas, -siempre he pensado que se trata de comentaristas fantasmas-, que vienen cargados de un contenido altamente grosero y mamporrero. Se trata pues de un hombre prolífico, irónico y para mi sorpresa, recóndito.

TERRITORIOS. Los lugares son hilo conductor en el poemario, entendidos como terreno fortuito de encuentro y desencuentro. Terrazas, carreteras, institutos, edificios, mercados, parques,... en todos ellos la soledad está patente. (<<He venido a esperar a que se vayan,/ he venido a quedarme sin motivos/ para quedarme aquí.>>). Él es testigo de todo ese desamparo que analiza con su yo lírico más melancólico.

MUJERES. Habla Camilo de Ory de ellas como de una sublimación. (<<Creo que es el alma y sólo el alma/ lo que quiero de estas desalmadas.>>) Puede uno pensar con esta pequeña muestra que se trata de todo lo contrario, y que no hay enaltecimiento alguno, pero no es así (<<Me parecen personas admirables./ Tienen mucho que ver/ con las quimeras,/ con las ganas de huir, con el perdón.>>)

Lugares comunes es un paseo por la vida de hoy (<<invertimos en humo/ y en voluntario engaño.>>) acusada por una soledad que nos hace conscientes de nuestro propio destino (<<Volvemos a encontrarnos/ con nosotros en casa.>>).

Cierra el libro un poema emotivo titulado A un río seco. Un río, que es un elemento poético asociado a la vida, pero que aquí vemos pseudo suicidarse negándose <<al absurdo discurrir>>, pero que no es una muerte como tal, sino una mutación a otra existencia, a ser <<tierra firme, perpetua>>, y es que, en Lugares comunes aún queda sitio para la esperanza.


jueves, mayo 22, 2008

La estación azul

Ayer estuvo La estación azul, -programa literario de Radio 3- en el Centro de Poesía José Hierro de Getafe. Primero asistí al taller de relatos que imparte mi querido Miguel Angel Martín, como ya es costumbre en mí desde hace dos años, y después me quedé a presenciar la grabación del programa. Como invitados estuvieron Pepe Viyuela, presentando su libro Y amarte sin saber, II Premio Internacional de Poesía Margarita Hierro, hablando también de su nuevo libro; y un jovencísimo Jose Iván Suárez presentando su trabajo Gnomon.

Habló y bromeó Manolo Romero. Escuchamos a José Hierro muy vivo. Eva Chinchilla trató de explicar que a escribir poesía no se le puede enseñar a nadie, sino que se aprende a través de la experiencia de escribir y de escuchar. Se habló de la lectura. De lo importante que es leer como origen del acto que es escribir. Y después leyeron uno por uno doce de los alumnos de los talleres de poesía del centro. Escuché a todos ellos, pero puse mayor atención en Carmelo, al que no conocía pero que me fascinó no solo por sus palabras sino por su tono apasionado, a Ángela, una mujer con voz de niña, ¿una niña con mente de mujer? y a Marta, por ser quien es.

En fin, que fue curioso presenciar una grabación radiofónica, intentando no espantar al silencio en un salón de actos en donde como poco, las sillas crujen.


Suena el teléfono. Me traen los libros que encargué en Amares. Les explico que estoy trabajando, que hasta esta tarde no podré estar en casa. Pienso que ¡mierda!, que me apetecía coger el libro Todo sigue tranquilo y hojearlo despaciosamente, olerlo, y ¿por qué no? atreverme a leer la última línea del libro. También charlé con Mª Jesús Silva que este viernes tiene un recital poético junto a poetas como David González, y pensé que qué suerte tengo por gustarme lo que me gusta.

A ver si me puedo marchar a casa ya.

¿Mujeres?


martes, mayo 20, 2008

La noche nuclear

Llevo toda la mañana
esperando siglos.
Siglos eternos. Segundos.
Sólo
una culpa ciega,
enmudecida,
entra por la ventana.

Le pregunto a la noche nuclear
¿cuántos vástagos quedan?
¿todos y ninguno?
-algunos quedan-
¿cuándo llegará el invierno?
Pero la noche no sabe,
sólo calla,
cierra los ojos y ya no queda luz.
La voz se apaga.

El frío llega callado
matando.
Se mueren las plantas,
los padres, los hijos.
Se muere la muerte.
Hay ceniza en mis ojos de sauce
y el polvo lo cubre todo.

Me pregunto si acaso
la noche
doliente
se quedará para siempre
sumergida en el incendio.

Me pregunto,
¡tantas cosas me pregunto!
dónde está el sol
dónde el sueño
dónde yo.
Si es que hubo algún sol
algún sueño
algún yo.


(Son las tres de la muerte...)
J. Hilario Tundidor

lunes, mayo 19, 2008

Bajo una lluvia de fuegos artificiales

y el desamparo de un cielo caprichoso

voy despojándome de las costras

que han nacido del olvido.

martes, mayo 13, 2008

Amarillo, por Félix Romeo.

Amarillo es un libro que habla de vidas, de muertes, de sentimientos, de cuentos, de libros. Leer Amarillo es inmiscuirse en una conversación privada. En una conversación unilateral y silenciosa entre un vivo (Félix Romeo) y un muerto (Chusé Izuel). Leer Amarillo es ahondar en el dolor. Es hurgar en una herida que no ha cicatrizado aún. Un preguntarse para no obtener respuesta alguna. Un viaje para restañar sentimientos. Leer Amarillo es sentirse un poco roto. Pero también es sentirse vivo. Al final queda la melancólica sensación de no haber podido hacer nada para evitar lo irremediable. Así que como una loca busco Todo sigue tranquilo. Me han dicho en Amares –una librería de Zaragoza- que me lo mandarán, a pesar de que en Ediciones Libertarias ya no lo editen. Uno de los componentes de Las novias, me ha informado de lo complicado que resulta conseguir el libro. Merecerá la pena intentarlo. Todo por saber más de él. Por penetrar algo más en su mente, por saber cómo amaba Chusé. Porque amar amaba. Y mucho. Por eso el relato duele tanto.


lunes, mayo 12, 2008

El viento
de tus suspiros
agita
mis jóvenes
canas.

miércoles, mayo 07, 2008

Una silla sola

Soy Rosalía Hurtado, pero podría perfectamente ser otra. Lo soy porque me han convencido de ello, pero bien podría ser mi madre, mi propia hermana, o la virgen María. Soy el reflejo de todas ellas. El resultado de todas sus frustraciones. Un lago a ras del suelo. Sólo tengo que creérmelo y ya soy Rosalía. A veces me he sorprendido a mi misma, mirándome en un espejo, mordiéndome las uñas, y no me he reconocido. He pensado ¿quién es esa mujer que me mira? ¿realmente soy yo? He visto, sí, he visto a alguien, pero no era yo. Esa imagen mostraba tanta incomprensión –casi repulsión o pánico- como yo sentía en mí misma. Es como si ese reflejo también se extrañara de quien la encarnaba.

A veces me pregunto qué hubiera sido de mi vida de no haber estado ahí, en el epicentro de nada, de haber nacido en la antípoda, en el meollo de todo, qué hubiera sido de mí de no haberme enamorado, de no haber tenido hijos, de no haber hecho caso a nadie más que a mí misma, de haber vivido la vida como sólo yo hubiera sabido hacerlo. Quizás ya no estuviese aquí.

Hace algún tiempo albergaba la esperanza de que toda esa mimesis vivida no fuera más que una pesadilla de la que algún día despertaría. Pero ya se ha desvanecido toda ella. Ahora no soy más que un diente de león luchando en pleno vendaval. El pelo encanecido, las comisuras de la boca amargamente declinadas, peor aún, deshabitada.

He empezado a coquetear con ideas fatales. Empecé hace ya algún tiempo, si soy sincera, casi sin querer. Empecé emulando a quien se sintió atraído por la muerte antes que yo. Después le envidié. Le envidié por lo que fue. Por lo que no es. Leí de él "Tengo veinticuatro años y soy un anciano que agoniza". Después se suicidó. Y yo le envidio, porque él era un anciano, pero yo estoy muerta en vida. ¿Quién lo diría? Yo, que parezco encarnar toda la vida en mis ojos. Yo, que soy toda vida.

Puede que, a estas alturas, la idea del suicidio, sea lo único que pueda ejercer libremente. Dejar, de una vez por todas, de vivir encerrada entre estas murallas de carne correosa y a las que no tengo ningún tipo de apego. Ni si quiera a estos pechos que saciaron a niños y a hombres. Que fueron fuente de vida y deseo. Frente al espejo me miro. La miro a ella. Nos miramos. Es una desconocida. En las manos lleva algo parecido a una cuerda. Detrás de ella, una silla, sola, parece esperar tranquila. Voy.