miércoles, abril 30, 2008

Al final del callejón, el diabólico monstruo tembló ante la presencia del hombre.

martes, abril 29, 2008

Me arrojé desde el octavo, tras Eva. Iba a salvar a la mujer que amaba. Morimos los dos.


Un chino en bicicleta. de Ariel Magnus

- Dueño contento con tu tlabajo. Quiele contlatalte. Cama dentlo. Hay gato pala que la lata no moreten.

- ¿La lata no moreten?

- No, la-ta. Mo-re-ten.

- Ah, que las ratas no molesten. Chen, si sabés pronunciar la ele y también la erre, ¿por qué decís erre cuando es ele y ele cuando es erre?

- Lamilo, si sabé chupal vino, ¿pol qué no me chupás la plótesis?


Un chino en bicicleta. Premio La otra orilla 2007


Un chino en bicicleta.

Ariel Magnus.

III Premio de novela La otra orilla.

Esta historia, Un chino en bicicleta, que mereció el III Premio de novela La otra orilla, ya me gustaba aún antes de leerla. Es por el tipo este, Ariel Magnus, con ojos de niño, que me cae bien. Pero esto, imagino, que a ustedes no les importa nada en absoluto.



Les contaré entonces que se trata de una historia de chinos que viven en Argentina o de argentinos que viven en el Barrio Chino, o quizás de argenchinos. Lamilo, quiero decir Ramiro, es un porteño que es secuestrado de la forma más absurda por un chino pirómano. Ahí arranca una historia plagada de mafias, asesinatos, costumbres y amol. ¡Qué fácil resulta reírse y enamorarse de Yintai! En China nunca mujer primera hablar.



A través de esta lectura, unas veces surrealista, otras, hiperrealista, nos asomamos a una cultura dócil y hermética como puede resultar ser la china. Qué les pasó a Lito y a Chen es un misterio que ustedes tendrán que desvelar. Y si no les gusta la comunidad china, quizás ésta sea la oportunidad para que cambien de opinión sobre ella y despejen alguna que otra duda que puedan tener, como esa que ahora mismo están pensando, sí, esa misma, la de que los chinos se comen entre ellos y usan las sobras de sus banquetes caníbales para rellenar arrolladitos de primavera.

lunes, abril 28, 2008

LIBROS

Creo que estoy enferma de libros. Y lo siento. Sobre todo lo siento por mi marido, pues sé fehacientemente que a él le gustaría más que su mujer se perdiera buscando pintalabios rojos y zapatos de tacón, en lugar de poemarios y cuentos por los que suspira noche y día. Y es que siempre he soñado con lucir una prolija biblioteca, de lomos dorados, aunque a estas alturas me conformo con que sean azules o blancos. Tan malita estoy que aprovecho cualquier situación para adquirir uno. Se me ponen los ojos en blanco y una fuerza exterior me arrastra hasta las estanterías. Confieso que el paseo de los martes por la Gran Vía sólo es una excusa para poder colarme en la Casa del Libro y tachar de una vez por todas un título más de mi fatua lista. Ya da igual si lo leeré o no lo leeré. El caso es tenerlo, tocarlo, olerlo, mirarlo y admirarlo que luego, ya veremos de dónde saco el tiempo.


Tener una biblioteca como la que yo tengo, pequeña, pues aumenta con disimulo, como quien no quiere la cosa, tiene su gracia. Como por ejemplo que esté piel con piel Juan Manuel de Prada y el Marqués de Sade, de algún lado tendría que venirle a ese caballero el lado oscuro del vicio que tan bien guarda tras los cristales de sus gafas, pienso. Asociaciones que me gustan o que me resultan extrañas, como que luzca Amarillo, el último libro de Felix Romeo junto a la Sombra del viento, de Ruiz Zafón.



Hay algo bueno en esta obsesión literaria. Y es que cuando uno quiere poseer todos los libros (si no todos, muchos de ellos) no le queda más remedio que aprender a ser crítico, al menos, para no morir arruinado en el intento. Entre comprar Cuadernos del hábito oscuro o Un mundo sin fin es fácil decantarse por el primero. Y es que, la cartera, además de determinar los hijos que uno tendrá en el futuro, también es la que filtrará el gusto por los libros. Así pues, gracias a mi cartera no compraré ni zafones ni folletes.

jueves, abril 24, 2008

LOS DIAS

Puede que parezcan todos los días iguales, pero realmente ¿lo son? A pesar de cruzarte cada mañana, a la misma hora con la misma mujer, a pesar de que esa mujer vista el mismo abrigo que el día anterior, a pesar de que ese abrigo te recuerde al cielo. Un cielo gris de nubes blancas, y que la mancha torcida, esa mancha, sea como tu boca. (Cada mañana veo tu boca en un abrigo de lana). Es posible que los días parezcan ser el mismo día. Puede que sea el mismo día, que lo vivimos cientos de veces. Miles de veces. Treinta y dos mil ochocientas cincuenta veces son muchas veces para vivir un mismo día. Quizás sean menos. Quizás aquella silla, tirada en el campo, entre la hierba que ya amarillea, sea la prueba irrefutable de que este día no es como el anterior. Quizás si alguien, digo alguien, se llevara esa silla a su casa, no sé, para adornar sus ojos, para regar su desasosiego con la tranquilidad, quizás entendiera que este día no es como el anterior ni será como el siguiente.

lunes, abril 21, 2008

UN MANOJITO.

La tierra está sembrada de ojos.
Abiertos. Cerrados.
Vestidos de aliento.
Desalentados.
Ojos que nacen en rama,
que brotan del suelo
como si nada.

Y entre todos ellos,
racimos, prietos,
están los tuyos.
Los miro. Me miran, cansados.
Me sonríen,
como cerrándose.

Admiro los colores del mundo,
el silencio mecido,
tan hiriente.
Callado para siempre.

Que quisiera cogerte,
mecerte,
serte.

Te recuerdo, Príncipe ciego,
eras milagro,
eras mi hermano.
Viéndote me veo.

Ojos que ven
corazón que muere
en esta tierra perenne.
Ya eres mirada perdida,
extraviada para siempre.

Un manojito de ojos
para adornar mi casa,
para perfumar mi cara.

Tus ojos. Mis ojos.
Miradas.

martes, abril 15, 2008

HERMANAS

Debo agradecer el haber olvidado la cara de espanto que pusieron mis padres el día de mi nacimiento. Parece ser que, una vez descartada, primero la opción de la reencarnación en una diosa, y después la del castigo celestial, todo volvía a su cauce, y los sentimientos de desamparo inicial, dejaron paso al de la resignación. Nacer con cuatro ojos, dos narices y dos bocas es, cuanto menos, incómodo. Si ya es complicado ponerse de acuerdo con uno mismo en su más elemental unicidad, cómo lo será cuando un cerebro es compartido por dos existencias, que para más inri, son femeninas. No neguemos ahora la complejidad del género. Aclarar los sentimientos, darles un orden y un concierto son tarea difícil hasta para una ameba, de ello estoy segura. Así que, si esos sentimientos son dobles, pues aun ocupando una misma cavidad craneal corresponden a personas distintas, el desenlace al entuerto se barrunta complicado.

Sí que es cierto que, compartir necesidades tiene sus ventajas, si éstas son fisiológicas. Seamos prácticos. Todo es cuestión de organizarse. La organización es la premisa básica de nuestra vida en común, la mía y la de mi hermana. Y si nos sometemos a ella sistemáticamente todo funciona correctamente. De hecho recuerdo que, siendo aún bebés, mientras yo mamaba, mi hermana se chupaba perezosamente un dedo, o mientras mi hermana mamaba, a mi me daba por llorar, sin que ese proceso de alimentación fuera interrumpido.

Pero las ventajas son pocas si las comparamos con los perjuicios. Pues ¿te imaginas lo que supone no poder tener pensamientos propios? ¿tener que compartir cada uno de ellos, buenos o malos? El odio, el deseo o la vergüenza deben ser también vividos por imposición. Porque si crees que por compartir la materia gris que ocupa ese hueco craneal se está siempre de acuerdo o se piensa de igual modo, estás muy, pero que muy equivocado. Por no hablar del indolente sentimiento de orfandad que va naciendo en la portadora del rostro más oriental en toda aquella geografía facial. Claro, que no lo sabes, pero imagínate dos caras unidas por sus lados, solo que uno de esos lados fue mal calculado y ha quedado condenado a una inclinación descendente, confiriendo al rostro una expresión de eterna tristeza. Un mirar hacia otro lado involuntario. Una asimetría vergonzante. De esto se desprende que, gracias a esa situación corporal, una de las dos se halla en una situación privilegiada con respecto a la otra, pues es la que está de frente, y por tanto a la que corresponde ser la tarjeta de presentación de ambas personas, quieras o no quieras. Será la primera a la que se ve. La primera que se exprese. Y a estas alturas, parece evidente que ésa no soy yo.

Todo se complica cuando se abandona la etapa más inicial de la vida y uno empieza a cuestionarse su sexualidad. No deja de ser extraño que dos personas investiguen simultáneamente un mismo cuerpo, lo toquen, lo exploren y lo sientan. Pero es ya en la madurez cuando viene lo verdaderamente complicado, pues tener que aceptar a la pareja de la que es parte de ti y por la que sientes una repugnancia cruel, es de los peores sentimientos que he tenido que compartir jamás con mi hermana. Es inadmisible para mí sentir el latigazo de la pasión sin ser partícipe sentimental, y serlo en cambio, material. Una contradicción a la que me somete la naturaleza cada día. Sin entrar en más detalles, sentir una y otra vez la lengua de aquel individuo reptando y mezclándose con la mía, y saber que mis manos, que no son mías, pues son compartidas, se escurren y enredan por entre sus muslos, puede llegar a ser el peor de los castigos que me haya tocado vivir.


Y ahora toca lo que es pertinente según el sistema: excusarme ante mi hermana por esta confesión que ya se sabe de memoria. Y tratar de continuar con una vida que poco o nada me pertenece. Seguir aguantando los latigazos del amor ajeno mientras mi mirada se pierde entre las juntas del suelo. Claro que, gracias a este amor que les entretiene en la más absoluta bobería, dejando a mi disposición el cerebro en su totalidad (imagínense entonces quién es el que maneja el cotarro, perdona hermana), yo puedo imaginarme un universo en el que la protagonista soy yo. Y en ese universo, yo, te miro de frente.

lunes, abril 14, 2008

Puede que con el tiempo haya cambiado mi piel, pero desde dentro, desde mis ojos, la vida sigue viéndose de igual modo, quizás con menos urgencia.

viernes, abril 11, 2008

TE BUSQUÉ

Te busqué

sin saber que te buscaba,

sin saber que ya estabas.

Estabas antes que nada.

Antes que yo,

eres todo y eras nada.

 

Te busqué por los rincones

tras las cortinas,

en los cajones.

Creí verte en mí,

y te desdeñé frente al espejo

de mi alma gris.

 

Escudriñé tus gestos

que aún recordaba,

en mi propia cara.

Aún no sé si te vi.

 

Te busqué pero ya estabas.

Durante años indagué.

Intenté amarme, por si te amaba.

 

Te encontré en el jardín,

donde el viento mece la campana.

Ese mismo viento

que sale de tu boca

para mecer mi voz como una nana.

 

Te busqué

sin saber que te buscaba.

Y en un lugar olvidado,

donde siempre has estado,

me esperabas,

allí lejos, en mi alma.

miércoles, abril 09, 2008

EN EL PARQUE

Bajo un prístino cielo azul

ululan los envoltorios muertos

fantasmas, vacíos

agonizan los pokemons olvidados,

y ante la asolación de la ausencia

los columpios, solos,

un mirlo, aún canta.

lunes, abril 07, 2008

Los sábados con Andrés Neuman.

Este fin de semana han dado en el clavo. Además de haber podido disfrutar, como todos los sábados, de mi admirado Félix Romeo, al que leo siempre entre líneas para que me nutra bien con sus silencios y del que extraigo títulos más que interesantes, de Andrés Ibáñez que suele abrirme bien los ojos y mi elemental mente, de Juan Malpartida, al que adoro cuando es poeta (y cuando no lo es, también, caray) y de Jose Luis García Martín, se ha añadido a la lista de colaboradores del ABCD de las artes y de las letras, Andrés Neuman, al que gratamente descubrí por su libro de relatos Alumbramiento. Su sección Barbarismos. Entonces recordé que Agustín Fernández Mallo iba a ser uno de los nuevos colaboradores del periódico y le busqué con avidez, página tras página, pero no estaba. Aún habrá que esperar, supongo. Esperaré desde luego.



Andrés Neuman se estrena con un género que a mi juicio se le da muy bien, los aforismos, y que en este caso, adoptan la forma de definiciones. Las ha llamado "Del árbol al zar" y que vienen cargadas de humor, ironía y ternura.



ÁRBOL: imprevisto surgido entre dos urbanizaciones.

AUTOR: heterónimo del personaje. 2. Derechos de ~: propina con ínfulas de salario.

BAÑO: biblioteca sin prestigio.

CONFERENCIA: somnífero vía oral.

CULTURA: antigua sección de los diarios de información general. Tenía pocas fotos.

DICCIONARIO: novela policíaca donde quien comete el crimen es el mismo que lo investiga.

ESTILO: conjunto de errores útiles.

FRAGMENTARIEDAD: infinito parcial. 2. En el argot literario, pereza argumentada.

GOL: conjunción afirmativa.

HÉROE: figurante encargado de reemplazar al personaje protagonista.

IMAGINACIÓN: primera emisaria de la voluntad.

JUEZ: individuo independiente que depende de las circunstancias.

KILOBITE: migaja con memoria.

LEER: acción de viajar adonde uno se encuentra.

MATRIMONIO: en el argot eclesiástico, divorcio bendecido.

NOVELA: medio de transporte ligero para largas distancias.

ÑU: espécimen protegido con el fin de alimentar a los crucigramas.

ODIO: material inflamable.

PAÍS: agrupación de desconocidos. Escríbase con minúsculas.

PRESERVATIVO: órgano sexual. Puede rellenarse con un pene, pero es incómodo.

QUIETUD: estado físico sumamente improbable.

RESEÑA: género laudatorio o vengativo, según temperatura ambiente.

SINÓNIMO: matiz fatal.

TESTIGO: individuo que no asiste a sí mismo. 2. Siguiente víctima.

UNIVERSIDAD: necrópolis con cafetería.

VIDA: extraña prórroga.

WIFI: sexto sentido del disco duro.

XENOFOBIA: no se trata de aborrecer los pechos, sino de algo mucho peor.

YO: conjetura con obligaciones fiscales.

ZAR: padre del bolchevique.

viernes, abril 04, 2008

LA ÚLTIMA CONVERSACIÓN

Fedra dime ¿qué ha pasado?

Seguimos siendo los mismos, pero algo ha cambiado.

Echaré en falta nuestros lazos,

la búsqueda de un roce.

Tus labios.

El erotismo de tu voz,

tus colmillos en mi piel.

Ya te añoro

y aún no te has marchado.

Y es que hay algo en tus ladridos,

un no se qué

que me eriza el sentido.

Recuerdo cuando te conocí,

nuestras conversaciones ¿dónde han quedado?

No habrá más domingos frente al televisor

no más paseos al sol.

Sé que no te volveré a ver,

mi Fedra,

mi dulce perra.