jueves, noviembre 15, 2007

Deseo que te desearás

Son muchas las cosas que una persona puede llegar a desear, pero muy pocas las que consigue. Son los deseos los que nos convierte en humanos. Los deseos buenos, quiero decir. Deben tener una carga positiva porque desear exterminar a una raza no nos hace humanos, sino demonios. Me refiero a los deseos buenos, a como que el sol brille cada día, a que aquel muchacho te sonría cuando se cruce contigo, o a ver tus palabras escritas en algún otro lugar. Y ese deseo se va cargando de fuerza a medida que no se cumple. Es condición indispensable que el deseo no se cumpla (para ello ya se inventaron las lámparas maravillosas o los anillos mágicos, pero ¿quién tiene una, eh, quién?). Así se hincha cuanto más lejos se encuentre del momento de su obtención.
 
Los deseos son mágicos porque habitan en el mundo de lo inasible, de lo contrario perderían todo su encanto. No dejarían de ser meros objetos al alcance de cualquiera. Pero no. Los deseos son los dioses de nuestra esperanza por eso los anhelamos.
 
Es posible que uno piense que cuando se consigue un deseo también uno alcanza la felicidad. Pero siempre habrá deseos que vayan ocupando el primer lugar y la meta no llega nunca. Seré feliz cuando me mire. Seré feliz cuando me bese. Seré feliz cuando me diga que me quiere. Seré feliz cuando me ame. Van creciendo y haciéndose ambiciosos.
 
¿Pero qué pasa si no se cumplen los deseos? Nos volvemos melancólicos y huraños. En el peor de los casos, envidiosos. Asi que sólo me digo, Esther. ten cuidado con tus deseos. Por favor, ten cuidado.