lunes, octubre 08, 2007

Despierta, Pablo.


Estoy preocupada. Ayer dejé a uno de mis personajes durmiendo en el sofá. Y sólo cuando ya había logrado olvidarme de todo, recordé haberle abandonado allí, durante horas. Al pobre me le habían apaleado. No pude conciliar el sueño. Quise soñar con aviones de papel planeando por mi cielo gris. Pero no hubo cielos. Sólo logré despertarme cuando aquella mujer con olor a cebolla cruda se puso a mi lado. Y que yo la intuía. La vi venir. Y luego aquel olor recalcitrante que me hizo sentir de nuevo viva. A pesar de que todas las miradas eran esquivas. Lo vi en los reflejos, que a veces son más veraces que la vida misma. Sólo espero que, cuando vuelva a casa, siga ahí, tumbado, durmiendo, tal y como le dejé. Volveré a tomar posesión de mi omnipotencia para darle alguna solución a esa insustancial existencia que le adjudiqué.