miércoles, mayo 16, 2007

Sombras




Atravesé un bosque de ladrillos,
vagamente coloreados,

-de un rojo casi muerto,
atenuado por la penumbra-,

proyectando una sombra
que se confundía con el oscuro asfalto.

Observé con morosa lentitud
cómo se extinguía la tarde,
cómo avanzaban los fantasmas
que habitan en las sombras,
bisbiseando palabras
que generan turbación.

De pronto la carne tiembla,
el corazón se agita.
La maleza de la ciudad maldita
que se oculta tras las sombras,
me llama,
pero yo me precipito
al amparo del silencio
y me arrebujo en la soledad
de mi misántropo hogar.

Desde un rincón
le rezo a mi Dios,
que es de restos,
de pedazos,
de segmentos
y respiro con alivio
al verme de nuevo contigo.