jueves, mayo 10, 2007

Proeza



Uno se acostumbra a todo. O a casi todo. Yo me acostumbro a ser como soy. Fui la última. Disponía de poco tiempo. Comencé agitada, como es normal en mí. Era mi pecho el que se excitaba, no mi mente. Pero hubo algo. No sé qué, que me hizo olvidar dónde estaba. Me hizo olvidar con quién estaba. Era como si solo yo estuviese allí. Yo y mi voz. No estoy acostumbrada. Lo normal, digo, lo normal es que no pueda continuar. Que me falte el aire. Que me tiemblen las manos. Que mi voz se quiebre. Que pida perdón. Pero ayer, no fue como siempre. No sé porqué pero para mi es toda una proeza.