martes, marzo 27, 2007

De vísceras y sangre

Antes de la sangre,
y de las vísceras,
aún antes de que yo llegara,
el asfalto resplandeciente
le acogió
y fue estigma,
signo,
dolor.

Pero paso deprisa,
tratando de evitar
lo irremediable.
Manos frías.
Dedos de alambre.

Recordé entonces el parque,
el crepitar de las plumas,
el graznido de las aves,
el óxido asesino,
que hiere,
y el cielo verde.

En la soledad indemne,
el silencio mece
la savia,
la magia solemne.

Pero paso deprisa,
tratando de olvidar,
el daño,
la soledad,
y el cristal.

Antes de la sangre,
y de las entrañas,
mucho antes de que yo llegara,
el sol le calentaba,
quedito, quedito,
el lomo.