miércoles, febrero 28, 2007

UNA LIBRETA NEGRA



Y así se dispuso a continuar un cuento a medio hacer, inventando personajes tremendamente espirituales, tal y como él quería. Personajes sin nombres, sin pasado, sin presente. Sueños arropados por la esperanza ocupaban las primeras páginas. Letras frenéticas apuntaban el principio del camino.

La última vez que se vieron, fue un día de lluvia perezosa. Y fue ese día cuando él le entregó la libreta. Una libreta negra cuyo contenido aún estaba por ser escrito. Si ella alguna vez pudo haber sentido alegría, fue, sin lugar a dudas, aquel día, cargado de dudas, de miedos, pero también de luz. De una luz intensa, casi deslumbrante.

Se miraban nerviosos, no se conocían. Hablaban, sonreían y, en sus ojos, el deseo, que era amor y era fuego y era luz. Se besaron como jamás se habían besado. Se amaron como jamás se habían amado.


Después, ella, echó a correr. Con el corazón desbocado y la lluvia sobre su rostro. Apareció una nueva sensación parecida a la de un cuchillo clavándose en las entrañas.
¿Es eso lo que se siente cuando se muere?

Ya, más tranquila, comenzó a leer lo que debía continuar escribiendo. Lo leyó sosegadamente, saboreando cada palabra, buscando más sentido que el estrictamente escrito, y descubrió que ella, era cada uno de esos personajes que él inventó. Ella era todos. Una invención. Porque, en realidad, ella no existía mas que en su pensamiento.