jueves, febrero 22, 2007

PÁGINAS OCRES



“Nadie lanza nunca un libro al agua. Se lo echa al fuego, se lo aprisiona en una caja, se lo entierra de pie en una biblioteca. Pero nadie lanza jamás un libro al agua. Nadie. Nunca. Jamás.”

El libro flotante de Caytran Dölphin

(Leonardo Valencia)

Así es como comienza el libro que llevo encima. Me gustó desde que vi su portada. Fue como un imán. Si me apuran, casi el motivo de su adquisición. Bildnis Erich Lederer, 1912 de Egon Schiele. Es un lánguido y atractivo muchacho, de tez blanca cuya mirada se pierde en la indeterminación. Tengo la certeza de que ese muchacho piensa lo mismo que yo. Lo percibo en su semblante. A mí, que me gustan tanto las dualidades.

Sólo después vino la lectura en la que aún hoy me sumerjo. Sé que me llevará tiempo. Pero no tengo prisa alguna. Hay libros que requieren un sosiego, un detenerse, una mirada minuciosa. Y éste es uno de ellos. Descubrí que pasar sus páginas es todo un placer. Son ocres y cuadradas, y desprenden un olor fascinante, a librería antigua, de las de suelo de tarima y escaleras rodantes. Si, sí. De esas que te invitan a hablar bajito y hacer alarde de tu más exquisita educación.

Una vez metida en la historia, me doy cuenta de la cantidad de semejanzas con mi vida. No. No vivo en Guayaquil. Ni mi vida anda flotando en una ciudad inundada. Sin embargo añoro esas charlas alrededor de las fogatas. Sólo eso.

He dicho.

Sólo eso.