miércoles, enero 17, 2007

GANAR O PERDER.

Me gustaría creer en mi. Silencio. Sí. Me gustaría poder creer en mí. Repito. El otro día, conocí a un tipo que me dejó pasmada. Su seguridad me abrumaba. ¡Dios! Me dio miedo. ¿Cómo alguien puede estar tan seguro de sí mismo? ¿Saber que todo lo que se proponga, lo conseguirá? Así, tan tranquilo, comiendo ensalada. Entre lechuga y lechuga, pensaba también comerse el mundo. Pero era pollo. Desde entonces me pregunto, me pregunto si siempre he sido así, dubitativa, o si mi inseguridad se debe sólo al resultado de mi propia indecisión ante las opciones, y el tiempo de que dispongo para elegir. Que he de decir que no es mucho, no crean. Ni es poco. Diríamos, justo. Susto, Gusto y Disgusto, ¿se acuerdan?

Nunca he sido ambiciosa. Quiero decir que nunca he perseguido lo que no se me ha ofrecido. Eso es. Me he conformado. Siempre me he conformado. ¿Luchar? Tampoco he luchado. Mi vida ha ido fluyendo, y yo me he dejado llevar por ella. Por su suave vaivén. Sin exigir. Perdiendo mucho. Y así he sido feliz. Y lo soy. Pero, ahora, me miro las manos. Siempre hay peros en todos los cuentos. ¿Y si hubiera sido ambiciosa? ¿y si hubiera luchado por lo que realmente quería?, pero, ¿lo sabía?, ¿sabía lo que quería? Claro, ¿quién no tiene un sueño? Probablemente mi vida hubiera tomado otro rumbo, y no estaría aquí, escribiendo. God knows. Tengo la sensación de haberme perdido tantas cosas...