jueves, enero 04, 2007

CLARIFIQUEMOS



Claro que no hay respuestas. Tampoco conclusiones. ¡Qué fácil si las hubiera! ¿de qué servirían entonces las palabras? ¿para componer canciones? No puedo creerlo. Me niego a pensar eso. No hay respuestas, y no las habrá, porque necesitamos, para sentirnos vivos, esa búsqueda incesante. Por supuesto. Nada de conformismos. Ni hablar. ¿Que qué buscamos? Ya me repito.

Así que, desconfíen, porque las certezas, que no son más que la simplificación de las respuestas, no son tan sencillas. Todo forma parte de un gran bucle, una suerte de dédalo, sin principio y sin final, en donde obtener una premisa, son palabras mayores. Avanzamos a medida que vamos abriendo puertas, pero siempre encontraremos muchas otras cerradas. A cal y canto. Sí. Así hasta el infinito. De eso se trata. Del mismo modo que cuando observas una luna plena,-por cierto que hoy tenía un halo de misterio-, y crees que ya lo entiendes, pero algo tan impertinente como una nube es capaz de nublarlo todo. Y cuando digo todo, me refiero a todo. Hablemos claro de una vez. Sí, si. Los nubarrones son impertinentes. Y seamos sinceros, ¿quién no tiene un nubarrón? Además, si quisiera ser clara, lo sería, ¿o no? de todas formas ¿a quién puede importarle lo que yo piense?