miércoles, enero 03, 2007

RACIOCINEMOS

Raciocinemos sin miedo, la niebla permanecerá.

(Samuel Beckett )

Qué porqué busco mi reflejo constantemente, es una cuestión que no sé responder. ¿No lo suelen hacer ustedes de forma habitual? Lo cierto, es que el tema en sí no deja de ser un buen recurso para cuestionarme a mi misma. Sin más. De hecho, es fácil encontrar este tipo de técnicas en aquellos autores que buscan incesantemente respuestas. Sí, respuestas. De diverso porte.

Por tanto, mi caso no es extraño. No lo creo. Mirarse en un espejo y esperar a ver el reflejo, no tiene porqué ser un acto de vanidad. No. No hay que ser suspicaces. Puede tratarse de un momento de encuentro en la más íntima soledad. Otras veces lo hacemos en postura horizontal, sobre una mullida base, o no, ojo, que cada uno sabe lo que tiene en su casa, y eso no nos parece tan extravagante. El caso es que yo, que es de quien estoy hablando, y haciendo acopio de mi raciocinio, me miro en el espejo y me cuestiono. Indago en mis ojos. Claro. Dentro de las pupilas. Por supuesto. Una mirada retrospectiva hacia el abismo de mi ser. No echo en falta nada. O al menos es lo que intento descubrir.

Mirarme en el espejo, es un acto púgil entre mi forma y mi materia. Vaya, que sí. Una mirada sincera conmigo misma. Una pregunta. ¿Quién eres realmente? Es posible que este acto sea más propio de asesinos. Y ustedes qué sabrán lo que he hecho o he dejado de hacer. Podría ser una asesina. De hecho, he asesinado a un gato. No era un gato real. Ni tan si quiera un asesinato real. Pero el pensamiento, sí que lo era. Tan real, como mi reflejo. Vaya, pobre gato, pensarán. No. Pobre yo. No nos equivoquemos.

Siempre digo que dudar abre puertas, no las cierra. Las puertas que abre, las desconozco. Pero que las abre, no hay duda. Sólo preguntándonos encontraremos respuestas. Sólo dudando, avanzaremos. Nada de aceptaciones porque sí. Dudo, luego existo. Qué recurso tan pésimo.

Así que, ese acto de mirarme en el espejo y de reabsorberme, no es, ni más ni menos, que la búsqueda incesante de las respuestas a las preguntas que me formulo a mi misma, y que no dejan de ser cuestiones de índole personal, tan personal, que no me atrevo a desvelar. Que no, que no. En fin, que ya resulto cansina. Pero que quede claro que no echo en falta nada. ¿Ah, no?