martes, marzo 27, 2007

De vísceras y sangre

Antes de la sangre,
y de las vísceras,
aún antes de que yo llegara,
el asfalto resplandeciente
le acogió
y fue estigma,
signo,
dolor.

Pero paso deprisa,
tratando de evitar
lo irremediable.
Manos frías.
Dedos de alambre.

Recordé entonces el parque,
el crepitar de las plumas,
el graznido de las aves,
el óxido asesino,
que hiere,
y el cielo verde.

En la soledad indemne,
el silencio mece
la savia,
la magia solemne.

Pero paso deprisa,
tratando de olvidar,
el daño,
la soledad,
y el cristal.

Antes de la sangre,
y de las entrañas,
mucho antes de que yo llegara,
el sol le calentaba,
quedito, quedito,
el lomo.

viernes, marzo 23, 2007

El amparo del regazo

Te daré mi regazo,

para que me respires,

para que te embriagues,

ahora, eso sí,

a cambio quiero

tu vida entera,

¿me oyes?

tu vida entera.

lunes, marzo 19, 2007

Lista de un transeúnte.

Un avión oblicuo. Un periódico destripado. Unos labios ensangrentados. Una maleta arrinconada. Unos ojos dentro de una cara. Una cara sin mirada. Una mierda de perro. Botellas rotas. Otra mierda de perro. Un tren con alma. Un perro. Un bonitatecomería. Una rueda de coche muerta. Chinches. Información manipulada. Ojos perdidos. Un gracias. Bocas crispadas. Narices obtusas. Orejas inauditas. Perfume nauseabundo. Secretos. Mentiras. Una vida usada. Cáscaras. Pipas abiertas en canal. Odio embotellado. Radio. Recio. Rabia. Ruido.

jueves, marzo 15, 2007

Paseo por el asfalto,

en soledad,
y a través de los visillos,
sólo veo tu agonía.

lunes, marzo 12, 2007

HOMENAJE

Hablaré con la voz entumecida, mas sin ambages,
cuando languidece lo que ni si quiera me pertenece.
Esquileando sin demora
todo el sobrante de obscuridad,
desnudándome sin remedio,
abrochando mis recuerdos enmohecidos.
Oblicuo mis sentimientos hacia algún lugar lejano.
Más allá de mi intimidad.
Con recato me felicito
y me doy presto otra oportunidad.
Me aferraré nomónica
a los rayos del sol
para proyectar mi sombra al menos,
y aguardaré adormecida
un próximo mes de marzo.
De flores y sueño.
Porque sí.
Ésa es la verdad.
Mi homenaje será pequeño como una avellana.

miércoles, marzo 07, 2007

LA ARMONIA DE LAS ESFERAS




“Paracelso se quedó solo. Antes de apagar la lámpara
y de sentarse en el fatigado sillón,
volcó el tenue puñado de ceniza en la mano cóncava
y dijo una palabra en voz baja.
La rosa resurgió.”

Jorge Luis Borges
La rosa de Paracelso

La armonía de las esferas.

Hace un tiempo, fui a París. Sólo puedo recordar ese viaje como un acontecimiento mágico, porque todo lo que allí me sucedía, iba arropado con un aura de excelsitud. Desde el viento que soplaba lánguidamente, arrastrando a su paso hojas de diversos colores, hasta detalles mínimos que parecían calculados por algún tipo de fuerza superior, de orden oculto; como esas notas musicales que llegaban hasta mis oídos, casi como un sueño. Así, La vie en rose, con sus proporciones armónicas y sus formas abstractas, constituía mi cosmos, y estaría siempre sonando en mi imaginación a cada paso que daba en aquella fastuosa ciudad parisina.

Fui sola porque tenía algo pendiente en mi vida. Ese tipo de cosas que sabes que debes hacer por no creer que has estado en el mundo sólo de paso. Antes de morir, quería visitar el cementerio del Père Lachaise y averiguar cómo trataba aquel lugar a mi queridísimo Sr. Wilde. Pude comprobar que, bajo aquél cielo plomizo, su tumba aparecía sublime. Dejé una rosa roja custodiando la piedra. ¡Qué palabras! ¡Qué simbología! ¡Quién me iba a decir a mi, que algo tan poco habitual como es la presencia de una rosa, fuera a repetirse en más de una ocasión durante mi viaje! ¡Cuántas rosas marcarían a partir de ese momento mi vida para siempre!

Abandoné aquel lugar para pasear por la abigarrada ciudad. Me acerqué a la Sainte Chapelle, paseé por los Campos Elíseos flanqueados de hermosos castaños, toqué los rosetones del Arco de Triunfo y así, recorrí aquella ciudad con una aguja apuntando al cielo. Notre Dame y sus terroríficas gárgolas, El hotel des Invalides, busqué bajo la pirámide del Louvre algún indicio que apuntara al descubrimiento de los restos de María Magadalena y navegué por el Sena.

No dejaba de ser una turista más. Yo también descubrí que al pie del Sacre Die hay un carrusel de ensueño. Y todavía hoy, si cierro los ojos, puedo escuchar su música. Ya no soy una niña, lo sé, pero elegí un carruaje tirado por un caballo blanco. Me acomodé en su interior como lo hubiera hecho una princesa. Y esperé con pueril ilusión a que comenzara el viaje. Mi viaje.

El carrusel giraba y a través de la ventana vi a un hombre con la mirada perdida. Mirando sin ver. Creí no conocerle, pero pude comprobar cómo me observaba. Yo quise creer que me miraba. Ahora lo sé. Parecía mayor y algo abreviado por el paso de los años, aunque bien vestido. Pelo ralo y blanco. Las orejas, inauditas. En su mano lucía un bastón con cabeza de metal, y sus ojos, sus ojos parecían traspasar mi cristalino, a pesar de su ceguera. Porque, sí, aquel hombre era ciego. Me asusté por las coincidencias. Me alarmé por la imposibilidad. El parecido con el escritor de Tucumán era sorprendente, pero absurdo sólo pensarlo ¿porqué habría fijado sus ojos vacíos en mi? ¿Acaso me conocía? De pronto, me urgió que aquel carrusel cesara su movimiento. Tal era mi deseo de acercarme al extraño e interrogarle, que me ahogaba.

Cuando bajé, aquel hombre ya no estaba allí. Pero le vi alejarse calle abajo. Caminaba con la celeridad que le permitían sus viejos pasos, casi escapando, o ¿acaso pretendía que le siguiera? ¿qué querría que supiera? Le seguí lo más cautamente que pude a través de las calles parisinas hasta llegar a la orilla del Sena. Él seguía sin descanso su andadura. Se dirigía hacia los quais, aquellos paseos que flanquean el río y en donde los vendedores ofrecen joyas literarias. Súbitamente y mientras le observaba oculta desde un rincón, arrebolada por el cielo, aquel hombre se detuvo en un puesto de libros, volteó la cabeza una vez más hacia mí, y a los pocos segundos, se había desvanecido como un fantasma de humo.

Primero temblé y después, me dirigí hacia ese puesto. Nada había de extraño en él. El vendedor canturreaba con un pitillo entre los labios, mientras colocaba postales de mujeres desnudas de los años veinte.

De entre todos los libros que estaban expuestos allí, me fijé en un uno que irradiaba luz. Pero al parecer nadie podía verlo más que yo. Esa luz, brillaba sólo para mi. Sentí miedo. Era una edición francesa, muy cuidada y elegante de La Rosa de Paracelso. Recordé aquel cuento vívidamente. Y entonces, sí. Supe quién era ese hombre que me había conducido entre tinieblas hasta allí. ¿Porqué no? ¿Acaso no lo merezco? Lo cogí con delicadeza, como si tuviera vida. Lo sostuve con ambas manos y observé la portada en piel repujada y grabada con letras doradas. Entonces lo abrí, con sumo cuidado, intentando que la magia no cesara. Estaba dedicado. Con letra furiosa se leía “La rosa resurgirá, amigo”. Y yo no podía dar crédito a lo que estaba leyendo, porque la firma, ¡la firma de aquella dedicatoria! era ni más ni menos que de Bioy Casares, amigo recalcitrante de Borges. Y ese libro estaba allí, entre mis manos. Y de porqué estaba aquel libro ahí, no hay explicación, como tampoco la hay sobre la dedicatoria de Bioy, ¿porqué le dedicaba un cuento, que no era suyo, al propio autor? Me sudaban las manos. ¿Se habría dado cuenta alguien de aquel hallazgo? ¿o sólo yo podía verlo?

Pero la armonía continuaba sin cesar y así, el librero me sonrió e hizo un gesto que cualquiera habría comprendido tal y como yo lo hice. Así que, le devolví mi mejor sonrisa agradeciéndole el regalo, guardé el libro como quien guarda un tesoro, y me marché al hotel apresuradamente.

Cuando llegué a la habitación del hotel, deseosa de poder abrir de nuevo el libro, de empaparme en sus letras, de soñarme discípula, vi que una rosa roja flotaba sobre mi cama.

Ya soy vieja, y aún no he llegado a comprender nada de aquella aventura, aunque sé que aquel caballero que leía de niño a Schopenhauer, me eligió a mi. Mi libro, o el libro de Bioy o, tal vez, el libro de Borges sigue aún inédito en mis manos, y la frase continúa resonando como una armonía en mi cabeza.

Fuera la tierra sigue girando sobre sí misma. La luna alrededor de la tierra. Y todo, alrededor del sol, en armonía. Yo, en el centro de ese universo.


Esther R.C.
2007


(Este cuento se lo dedico a mi hermano mayor.

Para ti Juan.

Ya te daré la rosa.)

martes, marzo 06, 2007

AULLIDO

" He visto las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, histéricos famélicos muertos de hambre arrastrándose por las calles, negros al amanecer buscando una dosis furiosa, cabezas de ángel abrasadas por la antigua conexión celestial al dínamo estrellado de la maquinaria de la noche, quienes pobres y andrajosos y con ojos cavernosos y altos se levantaron fumando en la oscuridad sobrenatural de los departamentos con agua fría flotando a través de las alturas de las ciudades contemplando el jazz."
Aullido.
Allen Ginsberg

"por favor amo puedo tocar su mejilla
por favor amo puedo arrodillarme a sus pies
por favor amo puedo aflojar sus pantalones azules
por favor amo puedo mirar su vientre de vello dorado
por favor amo puedo bajar suavemente sus calzoncillos
por favor amo puedo tener sus muslos desnudos ante mis ojos
por favor amo puedo sacarme la ropa bajo su silla
por favor amo puedo besar sus tobillos y su alma
por favor amo puedo poner mis labios en su musculoso muslo sin vello
por favor amo puedo dejar mi oreja apretada sobre su estómago
por favor amo puedo envolver en mis brazos su culo blanco
por favor amo puedo lamer su entrepierna rizada de suave pelusa rubia
por favor amo puedo tocar con la lengua su orto rosado
por favor amo puedo pasar la cara por sus bolas,
por favor amo, por favor míreme a los ojos
por favor amo ordéneme bajar al suelo,
por favor amo dígame que lama su gruesa verga
por favor amo ponga sus manos recias sobre mi cráneo peludo calvo
por favor amo apriete mi boca contra su corazón-príapo
por favor amo hunda mi rostro en su vientre, lléveme lentamente bien sujeto
hasta que su dureza muda me llene la garganta hasta el fondo
hasta que trague & saboree su delicado y tibio cañón punzante venoso
Por Favor Amo aparte mis hombros y míreme fijo & hágame inclinar sobre la mesa
por favor amo agarre mis muslos y levante mi culo hasta su cintura
por favor amo la recia caricia de su mano en mi cuello su palma en mi trasero
por favor amo levánteme, mis pies sobre sillas, hasta que mi hoyo sienta el aliento............de su saliva y la caricia de su pulgar
por favor amo hágame decir Por Favor Amo
Cójame ahora Por Favor Amo engráseme las bolas y la boca peluda con dulces vaselinas
por favor amo acaricie su pija con blancas cremas
por favor amo apoye la cabeza de su pito en mi arrugado hoyo esencial
por favor introdúzcalo suavemente, sus codos enlazados en mi pecho
sus brazos descendiendo hasta mi vientre, mi pene toque con su dedopor favor amo métamela un poco, un poco, un poco,
por favor amo hunda su enorme cosa en mi trasero& por favor amo hágame mover el culo para que se coma el tronco de la pija hasta que mis nalgas acaricien sus muslos, mi espalda arqueada, hasta que sólo esté mi erección, su espada clavada vibrante en mí
por favor amo salga y deslícese lentamente hasta el fondo
por favor amo láncela otra vez, y retírese hasta la punta
por favor por favor amo cójame otra vez con su ser, por favor cójame
Por FavorAmo empuje hasta que me duela la suavidad la Suavidad por favor amo hágale el amor a mi culo, dé cuerpo al centro & cójame para.............siempre .........como a una chicacon ternura agárreme por favor amo yo me llevo a Usted,
por favor amo & meta en mi vientre la misma dulce cruz calienteque manoseó en soledad Denver o Brooklyn o clavó en alguna virgen en estacionamientos.............de París,
por favor amo condúzcame su vehículo, cuerpo de gotas de amor, de polvo sudoroso,
cuerpo de ternura, cójame a lo perro más rápido
por favor amo hágame gemir sobre la mesa gemir Oh por favor amo cójame asía su ritmo vibre clave & afuera-adentro-rebote & presione hasta que yo afloje mi orto un perro sobre la mesa aullando con terror y deleite que.............lo amen
Por Favor amo dígame perro, bestia anal, orto húmedo,& cójame más fuerte mis ojos ocultos con sus palmas en torno de mi cráneo& zambúllase en latigazo de fuerza brutal por suave carne goteante & vibre cinco segundos hasta disparar su calor de semenuna & otra vez, clavándola mientras grito su nombre lo amo por favor Amo."


Por favor amo
Allen Ginsberg

jueves, marzo 01, 2007

LA NADA


Como no sé nada del mundo, pero sé un poco de mí, decido empezar por ahí, escribiendo hacia dentro. Quizás así pueda llegar a inventarme. Estoy aburrida de ser sin más. Por eso, con el corazón palpitante por la emoción, me siento en la mesa de mi cuarto, cojo una estilográfica, fijo mi vista en el papel inquietantemente blanco, y me dispongo a escribir. Todo lo hago de forma pausada, casi calculando los movimientos, con sosiego y elegancia, como un no vaya a ser que se despierte...

La mano me tiembla un poco, pero es por la falta de costumbre. Le doy la vuelta a mis ojos, un giro preciso, de ciento ochenta grados, justo para ver mi interior. Está muy oscuro ahí dentro. Seguro que hasta hay eco. Busco con paciencia, algo. Un recuerdo..., aunque duela, pero en ese preciso momento, siento en el pecho un mordisco que me rompe. No es un bocado de dientes de leche, sino de lobo. De colmillos que desgarran. Rápidamente la mesa se empapa de sangre. Es espesa y está caliente. Se va extendiendo con parsimonia, recreándose en su avance, ocupando el vacío blanco. Siento que huele de un modo familiar. Casi puedo verlo.

Y es fastidioso, porque ahora, no podré inventarme. Me lamento por haber perdido lo que nunca tuve. Llevo la mano al pecho y noto el corazón rabiosamente acelerado. Casi dando saltos. Parece que quisiera salir de ahí. Intento colocarlo de nuevo en su cavidad, mientras me dirijo a algún lugar para buscar un trapo. Cuando regreso, con la mano aún sobre mi pecho, veo que la sangre chorrea desde la mesa hacia abajo. Las gotas caen con una consistencia melosa, casi estirándose para tocar el suelo. Y pienso que es preciosa. Y densa. Y brillante. Y viva.

Pero ahora, pierdo el tiempo limpiando algo tan engorroso como es la sangre. Si al menos no fuera roja, dejaría secar el papel, y entonces, escribiría hacia dentro, como hacen los buenos escritores, esos que dicen que para escribir, primero, hay que leer mucho. Que luego Dios dirá.

Mas el papel ha quedado inutilizado y mis ganas de reinventarme, dormidas. Ahora sé, que me ha visitado un negro fantasma. Cuando tenga la bondad de marcharse, y cuando tenga un nuevo papel blanco y cuando haya leído lo suficiente, volveré a intentarlo, quizás entonces, Dios diga algo.

Post scriptum. Después leo, y leo, y leo lo que nunca fue escrito, porque era nada.