martes, octubre 24, 2006

CONFUSIÓN

Manara
Estuvo largo tiempo frente al espejo. Sentada sobre una pequeña banqueta. Ataviada en su corsé de terciopelo negro, suave e intenso, cepillándose los bucles que caían sobre sus hombros desnudos, sin pensar en nada. Ensimismada. Sintiendo el latir. Escuchando las notas que parecían flotar en el aire. El sonido del contrabajo le parecía increíblemente hermoso. Tanto que deseó ser uno de ellos. De ébano. De madera noble. ¡Qué dulce que me tocara!
Contrabajo: "Prefiero a las mujeres que no exigen nada, que dan, reciben y se van"