lunes, septiembre 25, 2006

SER O NO SER

Perdón, se trataba de esto...

De todos los actos que el hombre realiza y que tienen que ver con la creación, quizás para mí, escribir sea el más valioso de todos. Con él somos capaces de prolongarnos en el espacio y en el tiempo y crear un mundo infinito; un firmamento de palabras que, juntas, armonizan y adquieren un sentido completo, como las constelaciones lo hacen en el cielo. Isak Dinesen, esa autora que escribió Siete cuentos góticos y que se popularizó con Memorias de África, decía que todas las penas pueden soportarse si se meten en una historia. Escribir es una terapia, eso es innegable. Nos ayuda a vivir situaciones que desconocemos, a superar problemas con nosotros mismos y a desarrollar nuestro lenguaje que, al fin y al cabo, es nuestra herramienta a través de la cual fluyen nuestros pensamientos. Sin embargo, ¡qué difícil es hacerlo! No sólo por la barrera que supone la falta de vocabulario, sino por las interpretaciones que se puedan extraer de esas lecturas. Me gusta escribir y me gusta leer. Me gusta disfrutar de esa extraña capacidad que tenemos los humanos para hacernos entender. Pienso escribir, del derecho y del revés, hasta que me sangren las manos, y lo firmaré siempre yo. Esther. Y buscaré mi realización como persona, que procuraré que sea armoniosa y creceré, ¡vaya si creceré!, ¿y cómo? con mi gente, con sonrisas, con palabras. Palabras que me lleven a un estado de serenidad que sea capaz de extrapolar a quien me lea.
Quiero ser libre y mi libertad son las palabras.
Hazte un favor, sé libre.
Escribe.
(Parece un panfleto político)

No hay placer más complejo que el pensamiento. (Jorge Luis Borges)

SOY

Hoy nadie será capaz de hacerme sonreir.
No quiero sonreir.
Hoy mis ojos yacen bajo dos lechos negros.
And I feel like a shit.
Se han muerto todas las mariposas. Han dejado de volar y han caído al suelo ya sin alas. La angustia ha empezado a crecer, como el gusano que se introduce en el cuerpo a través de la nariz, y se aprovecha de ti, y crece tanto que te impide ser tu misma. Y cuando has perdido toda conciencia, desaparece esa angustia y nace la tristeza, como una hiedra que se enreda desde los pies y te atrapa, te inmoviliza y te hace suya.
Hoy... hoy no quiero sonreir.