lunes, agosto 14, 2006

MI BUSQUEDA

Una vez, alguien me preguntó a bocajarro si yo era feliz. Escribió "¿eres feliz?". Entonces yo podría haber comenzado a perorar, pero afortunadamente, pronto me vino a la mente la imagen de una cotorra, que no por mucho hablar, llega a decir algo. A veces, podemos llegar a decir mucho más, sin necesidad de abrir la boca, gracias a los gestos y la comunicación visual, evitándonos así circunloquios en los que inevitablemente nos enredamos con cuestiones de tamaña envergadura. Antes de contestar me sobrevino una duda sobre las dobleces de una misma realidad que últimamente me quitan el sueño. Porque ¿se es sólo feliz? Cuando alguien te hace esa pregunta, parece que no caben medias tintas. Sólo admite una afirmación o una negación. Y yo me pregunto, ¿se es sólo feliz?, o ¿se es sólo infeliz? Claro que afirmar eso, es ridículo, por supuesto.

Pero, no es esa mi duda sino ¿se puede ser feliz e infeliz a un tiempo?

Trataré la cuestión que me devenía: si yo creía ser feliz. Pero la verdad es que no sabría qué contestar. Lo cierto es que me veo incapaz de dar una respuesta carente de atributos infaustos. Y como no es mi intención dar razones triviales, y menos aún, conminatorias conmigo misma, decidí como últimamente vengo haciendo, sentarme y reflexionar tan importante cuestión. Y sucedió que recordé la carta que mi hermano mayor me remitió hace un año. Una carta de letra apretada y frenética, garabateada y subrayada en señal de su afán por retroceder en la escritura y aclarar puntos que habían quedado, según su criterio, exangües. En ella me hablaba en un tono casi oculto y me desvelaba los secretos que encierra la vida, de la búsqueda de un fin en nuestro camino, de una perfección, de la felicidad... No relataré el contenido de la carta, pero sí lo que pude extraer de ella como conclusión, y es que, no existe la felicidad en términos absolutos, siempre habrá ocasiones de perfeccionamiento en nuestra vida y ésa búsqueda de ese algo inconcreto, inherente a nuestra existencia, a pesar de nuestro desconocimiento, se afina y se mejora con el paso del tiempo.

En fin ¿que si soy feliz... ? supongo que lo soy, pero que también que no lo soy, y no por ello soy desdichada, ni me siento desgraciada. Pretendo hacer de mis días algo único, ésa es la única verdad absoluta que afirmo, porque eso reporta beneficios a los que me rodean, ¿qué más se puede pedir? Quizás esté equivocada, por eso seguiré intentando buscar y desvelar los secretos de la vida que se esconden tras las cortinas.