jueves, julio 20, 2006

EL SENTIR

Créanme cuando les digo que sentir es un privilegio, ¡un gran privilegio!, del cual no disfrutan ni tan si quiera los dioses (me consta que ellos no sienten). Y es que sólo nosotros podemos sentir como sentimos, doy fe.

Aunque, bien es cierto que, no siempre sentimos como nos gustaría hacerlo. No todo es halagüeño en nuestro sentir, ¿verdad? Y es que, a veces son más las tristezas que las alegrías, si... eso también me consta. (Un momento, ¿será que, a igualdad de volúmen, el peso específico de la tristeza es mayor que el peso específico de la alegría y por eso se siente más? ¡Qué zafiedad! será que la tristeza abre heridas tan difíciles a veces de cerrar).

Lo que está claro es que sentir es vivir, a pesar de todos los pesares. ¿Quién no quiere sentir? Me niego a pensar que, por un momento, alguien pueda desear ser una cabina telefónica a la que le revienten los cristales a patadas cada día y no sufre por ello.
Una dama debe sentir para estar viva.
Por eso...

Yo soy caliza

blanca

impura

sensible

(aunque resistente)

Yo, soy caliza

¿bella?

Una dama.