lunes, julio 10, 2006

Mar


mar
Originally uploaded by esther_rcab.

Descubrí ante mis ojos un paisaje extraordinario, tanto que su inefabilidad era una suerte de dédalo que se me antojaba caprichoso. Quise entonces dibujarlo, aun corriendo el riesgo de resultar baladí. Pero hete aquí mi sorpresa al descubrir la precariedad de mi paleta. Necesitaba azul, en toda su gama. Y necesitaba también un gran lienzo. (Para dibujar el mar o el cielo, se requiere un lienzo, si me apuran, infinito). Me dirigí hacia el único lugar donde podría encontrarlo. Un rincón de aquella ciudad en donde cultivaban toda clase de pigmentos, colores y utensilios capaces de satisfacer cualquier sublimación artística, por imposible que parezca (¿imposible he dicho?¿hay algo imposible?). Fue entonces cuando le rogué a aquel individuo de pelo hirsuto y nariz amenazante que custodiaba ese tesoro cromático, que me proporcionara un lienzo infinito. Y después de someterme a una mirada obtusa desde su azul cristalino, me tendió la tela. Lo llevé sin mucho esfuerzo a través de las calles desiertas, (sin mucho esfuerzo, pues, por todos es bien sabido, que las cosas infinitas carecen de visibilidad, como infinitos son un beso, un adiós, un ángulo, la aritmética o el azul). Y cuando llegué a mi rincón (he de decir que es azul, como yo), o llegaste tú, o llegamos los dos, pues somos la misma persona, me puse manos a la obra.

Mi lienzo se tornó azul.

Y el azul me preguntó si realmente sabía quién era él. La pregunta no me pilló por sorpresa, así que contesté que era el mar, o el cielo o yo.

No sé si llegué a escapar de aquel laberinto, ni si quiera sé si ahora conozco algo más de mí, o algo más del infinito mar. Pero aquel hecho, infinito en el tiempo, me enfrentó a una inextricable duda sobre quién soy yo. ¿Soy el mar? ¿soy el cielo? ¿soy tú?