jueves, junio 15, 2006

CON OJOS DE NIÑA


Ojos de niña retocado
Originally uploaded by esther_rcab.


En el último libro que he leído, aparece una rotunda afirmación que hacía tanto tiempo que no escuchaba, que más bien me resultaba perteneciente a otra dimensión, aunque bien mirada, puede ser hasta real. Me refiero a la expresión “¡la vida es hermosa!”. Sí. Extraña ¿verdad?. Pero, piénsenlo detenidamente. Párense un segundo y siéntense a pensarlo. Yo lo he hecho. Y he llegado a una conclusión, y es que la vida es hermosa dependiendo de los ojos con los que se mire. Sí. Esa es mi visión del asunto. No debe ser igual ver la vida como lo hace un niño, a como lo hace un adulto. A través de los años, la vida nos sitúa en un espacio estático, casi de letargo, que nos impide ver la realidad con total plenitud, o de una forma positiva, nos obsesionamos con el futuro o nos anclamos en pasado y, como consecuencia, no disfrutamos el presente. Sólo lo vivimos como lo haría un gigante egoísta.

Así que, partiendo de esa premisa, empecé a mirar con ojos de niña. Al menos, a intentarlo, porque he podido comprobar que la niña que yo tengo dentro, anda algo dormida.

Para despertarla diseñé un plan.

Saqué punta a todos los lapiceros de colores que tengo, y las virutas las guardé en una caja de cerillas vacía, por si en un futuro lo pudiera necesitar. Lo cierto es que empecé con dificultades porque, encontrar una caja de fósforos, hoy por hoy, es casi un hecho imposible. Son esa clase de tesoros que se guardaban antaño en el cajón de la cocina o en el fondo del frutero para encender el fogón. Un tesoro indispensable para cualquier kit de supervivencia que se precie, capaz de producir fuego sin necesidad de recurrir a la edad de piedra. Me guardé la cajita en el bolsillo y me subí encima de la cama. De pie, comencé a saltar, y tapándome los oídos, canté a voz en grito “un barquito de cáscara de nuez, adornado con velas de papel....”.

Después de comprobar que aún me quedaban ganas de seguir reinventándome, dejé un aviso a mi familia colgado del espejo de la entrada, que decía “ya os veré, si me necesitáis, no tenéis más que silbar”.

Creo que la niña despertó, porque cuando me crucé a la salida con el presidente de la comunidad, le saqué la lengua. Después, no sé lo qué sucedió, porque cogí carrerilla y salí corriendo en busca de aventuras.

Les seguiré informando, de momento, me he cogido un buen lote de cuentos para empaparme bien, entre ellos: El gigante egoísta, El soldadito de plomo, El príncipe feliz, Pinocho, El flautista de Hamelín, El principito y muchos otros.