viernes, junio 02, 2006

EL MIEDO DE AYER

Siempre he creído que, cuando se apaga una vida, cuando se extingue una luz, en ese mismo instante, nace una nueva en otro lugar del planeta, simultáneamente, como una estrella titilante, aunque simplemente sea por mera coincidencia, y no por el acto de un ente superior, sino sólo por fría probabilidad.

Sin embargo, cuando le sucedió a él, ni si quiera lo pensé. No pensé en la prolongación de su persona como ser individual, porque nosotros, sus hijos, en cierto modo lo somos, pero no me refiero a ésa, sino a la suya propia, a la que le corresponde a él de forma particular. Aunque, claro, ese día, yo no era capaz de pensar coherentemente. Los ojos hinchados y los sentidos embotados, a penas era yo. Anulada por completo. Ese día conocí lo que era la empatía. La viví.

El cielo amaneció repujado en gris plomo. Recuerdo, mientras iba en el coche, siguiendo al automóvil fúnebre, que pensé que hasta el cielo estaba triste. Tanto es así que, cuando comenzó a llover creí ciegamente que el cielo lloraba su muerte y, de alguna forma, me sentí acompañada. Porque ese día, para cualquier persona, es un día íntimo, nada ni nadie puede consolarte, sólo tú mismo.

De todos los sentimientos que he llegado a padecer (¿se padecen los sentimientos?, digamos, se viven) en mi vida, larga o corta, el de ese día era el miedo.

Miedo a la incertidumbre
Miedo al olvido
Miedo a la realidad
Miedo al sufrimiento
Miedo al desconocimiento

Un miedo que casi se puede palpar.

Y si es así, ¿porqué no cogerlo, encerrarlo en una caja bajo llave y arrojarlo al mar?

No.... pobres peces....

...me gusta caminar descalza pisando las flores, obligada casi a bailar bajo un sol de terciopelo al que le trenzo los rayos...


Nota: esto me ayuda a enfrentarme a la realidad, a mi realidad.


Powered by Castpost