miércoles, abril 26, 2006

Y ASÍ POR MUCHOS AÑOS

Eran sus pequeños tesoros y, a estas alturas, se sentía incapaz de desprenderse de ellos. Llevaba años reuniéndolos, acumulándolos. Eran el mobiliario de su vida. Botes vacíos, periódicos atrasados, ropa vieja que encontraba en los contenedores, y basura, más basura. Aquí y allá. En todos los rincones de su pequeño piso.

Por esa razón, hacía años que sus hijos ya no pasaban a visitarla. Ya ni si quiera sabía si era abuela. Aunque eso daba igual. Ahora tenía más hijos a quien cuidar, treinta, para ser exactos. Todos retozaban a su alrededor, de la mañana a la noche. La olisqueaban y ella sonreía.

Ya no los necesitaba, ¡descastados! Ya no.

Que no hubiera espacio en la casa no le preocupaba en absoluto. A ellos sí que les molestaba esta circunstancia. Ella sabía adaptarse, ella no pretendía educar señoritingos. Si no os gusta, os marcháis. Así se sentía más abrigada.

Los vecinos protestaban. Podía escucharlos tras la puerta. ¡Baaah! Qué más da. Que digan lo que quieran. Dicen que van a llamar a la policía. Que no hay quien soporte el olor.

Olor....

¿A quién le molesta el olor a recuerdo?

Recuerdo de su esposo.

Críspulo, mi Críspulo. Menos mal que siempre estaremos juntos. ¿Ves? Te lo dije y no querías creerme. A mí que más me dan los vecinos. Yo puedo con todos, cariño.

Las cucarachas, que todo lo ocupan, van frenéticas bordeando los tesoros. Pura habla con su marido, estático sobre la cama, entre montones de basura.

Para cuando la policía golpea la puerta, Pura ya ha encendido un mechero que prende pronto con el queroseno. Se agarra a la huesuda mano de su esposo muerto. Sonríe con complacencia.

Y juntos, esperan, por fin, a marchar.