lunes, abril 24, 2006

HOY ES LUNES

Hoy es lunes, aunque bien podría ser martes. Quizás el miércoles, como está cerca del jueves te hace creer que ya es viernes y así, el gusanillo del sábado y el domingo, pero no, definitivamente es lunes.

Hoy me aburro. Y me aburro tanto que paseo de blog en blog buscando algo que me enganche, algo que me seduzca, algo que me anime, pero me da la impresión de que ustedes están dormidos, o no están, o se aburren tanto como yo. He visto tres veces a Bito, otras tres a Oracle, tantas más a Josean, Ángel, Nepomuk y Jim, Sortilegio, Buttercup, Azena, Mycroft, Dorian, Matías, Manuel... y así podría seguir con unas cuantas más, y es que, me aburro. (Tengo problemas para actualizar, para cuando esto se publique, ya no será, probablemente, lunes.)

Hoy es lunes y, esta mañana, en el tren, he notado una mano ajena sobre mi cuerpo. ¿He dicho mano? no sé en realidad qué era. Sólo notaba su calor traspasando la tela de mis jeans. Pero quizás se trataba sólo de un malentendido, de una percepción falsa. La cuestión es que, "la mano" se encontraba en una zona tan sospechosa como peligrosa. En ese momento, algo se activa en mi mente y comienzo a hacerme preguntas, a las que me respondo yo misma.

Quizás la solución es cambiar de posición. Sí, muchas veces, uno se pega tanto a otra persona, que es incapaz de notar la cercanía. Cambio de posición. Vuelvo a notar "la mano" sobre mi cuerpo. Y es como sentir que traspasan tu espacio personal. Irrumpen tu tranquilidad. El calor sube hasta mi cara y me noto colorada. ¿Qué hago? ¿y si me equivoco? ¡qué vergüenza! ¿y si le digo algo y, en realidad no ha sido voluntario? al fin y al cabo, el tren está lleno de gente, vamos apiñados, ¿quién va a pensar que es posible mantener las distancias?. Pero es que no me gusta esta sensación. Creerán que estoy loca. Volveré a cambiar de posición antes de meter la pata, no vaya a ser que sea yo que me obsesiono con el tema. Pero dar un giro de 180º, ni loca, porque entonces le tengo de frente, y eso sería peor. Me moveré solamente. Un movimiento le hará rectificar su posición con respecto a mi. La mano sigue ahí, la noto perfectamente, reposa con alevosía. Ahora el corazón late con tanta fuerza que se percibe a simple vista. Debería decirle algo, pero ¿el qué? Le digo: “¡¿oye, qué te pasa!?, no, no, eso no. Ya está. Daré el giro de 180º grados y me pondré el libro que estoy leyendo, El ruido y la furia, separado de mi cuerpo de forma que haga de muro de separación. Sí, eso haré. De esta forma me separo sin necesidad de montar un numerito, seguro innecesario. Estoy sudando.

Cuando voy a cambiar de posición, las puertas del tren se abren y la gente baja en desbandada.

Nada que decir.

Me quedo con cara de circunstancia.

Se acabó la duda.

Me digo a mi misma que soy tonta, la próxima vez tienes que decir algo, no te pudes quedar con esa angustia dentro.

Ensayo “Oiga, perdone, ¿le importaría a usted quitar su mano de mi culo, por favor? Comprendalo, es que me incomoda. Gracias”.

No. Creo que la próxima vez, me haré con una recortada y entraré en el vagón gritando “¡Las manos arriba! ¡vamos! ¡todos con las manos donde yo las pueda ver bien!

Seguro que así no hay malentendidos, ¿verdad?

Que pasen ustedes un buen día.