miércoles, abril 05, 2006

HIYAB

Hacía tiempo que esa prenda habitaba como fondo de armario. La tenía olvidada y resultaba insidioso tener que volver a llevarla. Le había llegado a gustar esa manera de vestir occidentalizada, sin tener que ocultar sus curvas, eran bonitas, a lo bueno se acostumbra uno pronto. Esa forma de vestir le daba cierta libertad, se sentía como un pequeño pájaro que escapa de su jaula. Y ahora, de nuevo el yugo. Una y otra vez se cuestionaba las costumbres de su país. ¿Qué hubiera sucedido si, en lugar de ahí, hubiera nacido, no se... en Brasil?, sería, quizás, otra persona, posiblemente no fuera ni si quiera mujer. Pero esa no era su realidad. Su realidad era la que estaba viviendo. Y lo que estaba viviendo era la vuelta al encarcelamiento, a la opresión, la sumisión por antonomasia. Cogió la tela vaporosa. Era una prenda muy oscura, tanto como la noche, y desplegada era como una figura geométrica. Introdujo la cabeza por el hueco abierto del velo y dejó que la tela cubriera todo su cuerpo, dejando la breve abertura alargada a la altura de los ojos, tal y como si fuera la rendija de un buzón . De pronto, ella desapareció, su figura femenina perdió los contornos. Un occidental podría haber pensado en ella como en una imagen fantasmagórica. Se asfixiaba. Intentó adaptar ahora su visión, acotada por la seda. Se dio rápidamente cuenta de que para enfocar la vista a ciertos objetos cercanos, era necesario mover la cabeza. Es una lástima, antes podía verlo todo. Y sobre el burka, se colocó las gafas graduadas. Se miró en el espejo. Se sentía oprimida. Suspiró y miró al suelo. Así son las normas.