viernes, marzo 31, 2006

BON APPÉTIT

Llevaba toda la mañana preparando el guiso. Olía de muerte.

Por fin, se sentó a la mesa pulcramente preparada. Un mantel inmaculado de hilo cubría la madera y sobre él, yacían los cubiertos de plata, el tenedor al lado izquierdo del plato y, el cuchillo, en su antípoda. La vajilla estaba exquisitamente decorada evocando tiempos de gloria. Y él, acompañaba el acto con uno de sus mejores trajes, de un profundo azul, importado de Milán, surcado por finas líneas blancas, en sentido longitudinal y todas ellas paralelas entre sí. Debajo, una camisa violeta del mejor algodón, amarrada por una corbata de seda del mismo color que el traje. Los zapatos impolutos, eran su obsesión y debían resplandecer a cada momento. Su pelo, lucía un corte actual que le daba un aire indie. En el centro de la mesa, una bandeja de plata, cubierta con una tapa abovedada del mismo metal que protegía el que iba a ser su almuerzo, esperaba con cierto aire aburrido a ser destapada. Y de fondo, Nick Cave y su voz de ultratumba. Estiró, pues, el brazo para levantar la cubierta, olió el aroma de la carne, sin poder evitar hacer un sonido mudo de deleite y se sirvió con sumo cuidado el pedazo de carne roja y tierna.

El plato, de gran envergadura, parecía ahora, con la carne servida, más vacío aún que antes.

De esta forma, comenzó a masticar pausadamente el que fue el corazón de su amada, y con una sonrisa en los labios, pensaba que ahora sí sería suya, tal y como le dijo antes de matarla, y que a partir de ahora, siempre la llevaría dentro, cariño.

La mató porque era suya y se la comió, porque la quería aunque fuera muerta.



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