miércoles, febrero 22, 2006

TRANSPORTE PUBLICO

De todas las situaciones más agobiantes que he vivido, la de ayer se lleva la palma. Acompañada por mi hermano, compré a mediodía (la hora que tengo libre del trabajo) una gran colcha preciosísima en Sisley, toda nacarada en colores ocre.

Debía llevarla a casa a la salida del trabajo. Eso significa utilizar el transporte público en hora punta. Bien, yo, una mujer como dios manda, me la llevo sin problema.

Seis de la tarde. Estación de Recoletos. Miles de personas en el andén.

Esther y su colcha.

A lo lejos, entre la negrura aparece la luz del tren. Aquí llega, sólo necesito que una puerta pare justo frente a mi.

¡Bien! Paró.... puedo pasar sin problema al vagón. Pero el tema se complica cuando la marabunta me empuja y se interpone entre mi colcha y yo. De pronto, soy un gurruño apretujado y escucho un hilo de voz que dice:

-¡Ay! ¡mi brazo!

Un pobre ancianito con el brazo roto sujeto en cabestrillo está justo pegado a mi. Yo le digo:

-Lo siento mucho.... es que me empujan.

A todo esto, mi gran bolsa está sujeta sólo pon un dedo, el corazón para ser exactos. Mi pobre dedo corazón.... estrangulado por un cordón. Me le imagino rojo e hinchado allí al final del vagón, justo al final del brazo. Intento separarme del pequeño hombre, pero no existía espacio suficiente como para separarme de nada ni de nadie. Todos formábamos una masa común.

Empiezo a sudar, con el abrigo puesto y mi estilosa bufanda, con una postura de contorsionista. La mujer del pequeño hombre accidentado sujeta con su manita mi brazo, justo por el codo, con la intención de proteger al hombre gnomo. Yo no sé qué decirle y estallo en risas.

Y me río, y me río, y me río ... y la gente me mira ¿de qué se ríe? Y yo digo...: si alguien encuentra una colcha preciosísima, que sepa que es mía.... sólo mía... mi tesooooooorooooo.

Si miro a la izquierda, me puedo besar con el de al lado, si miro a la derecha, me puedo besar con el del otro lado, si miro de frente puedo besar la cabeza del hombre gnomo y si miro hacia atrás, puedo besar a mi compañera... bien, miraré hacia atrás, que aunque no soy lesbiana, al menos la conozco y hay confianza.

Al final llegué con la colcha y una tortícolis acomodada en mi cuello, pero queda tan bonita la colcha puesta que pienso que ha merecido la pena el esfuerzo.