martes, enero 31, 2006

NARCISO

El significado del término narcisista (excesiva complacencia en la consideración de las propias facultades u obras) tiene su base en la mitología clásica.

En la antigüedad inventaban historias para explicar los fenómenos que escapaban a su razón, de los que hoy en día existen explicaciones científicas y lógicas. Así, creaban verdaderas bellezas literarias que les ayudaran a entender el mundo que les rodeaba.

Aquí os relato la historia de Narciso.

En ella os presento a unos mortales de dudoso comportamiento como es este joven tan vanidoso llamado Narciso....

Cuando Narciso nació, un adivino llamado Tiresias, le vaticinó una vida muy longeva si no se llegaba a conocer así mismo nunca. Así creció Narciso, viviendo en la más absoluta ignorancia de su persona.

A Narciso le gustaba levantarse al despuntar el alba, justo cuando los primeros rayos de sol alcanzaban su lecho. Se desperezaba y, como siempre, salía a cazar. Le gustaba ir solo, es más, detestaba la compañía de otras personas, y pasaba el día entero en el campo, cazando. Era tan bello que iba rompiendo corazones a su paso. Hombres y mujeres agonizaban de amor por él. Pero Narciso no reparaba en ellos. Tan arrogante era.... Su amigo Aminias terminó muriendo por su amor no correspondido.

Un día, estando Narciso de caza, una ninfa llamada Eco le observaba oculta tras un matorral. Eco poseía una belleza exuberante, pero tenía un defecto. Un defecto que había sido castigado: Eco era una charlatana, y además indiscreta. Solía hablar tanto que era fácil cometer imprudencias. Así, Hera, la reina de los dioses se sintió agraviada con un comentario de la ninfa que ponía en duda la fidelidad de Zeus, su esposo, que flirteaba constantemente con otras ninfas. Hera, enfadada privó a la ninfa de voz. Así, Eco tenía que conformarse con repetir lo último que hubiera sido pronunciado en su presencia. Nada de lo que decía le pertenecía a ella. No podía expresar sus sentimientos. Y cuando veía a Narciso allí, tan níveo y a la vez tan salvaje, afinando su vista hacia su presa sentía unas enormes ganas de poder comunicarse con él... pero eso no era posible.

Un ruido la delató e hizo que Narciso, sobresaltado, preguntara ¿quién anda ahí?

- -¿...anda ahí?,-repitió Eco.
- sal de entre la maleza y muéstrate.-ordenó Narciso.
- Y muéstrate...,-volvió a repetir Eco.

Era imposible, iba a quedar como una tonta, así es que, decidió descubrirse. Al acercarse a Narciso, sin poder articular palabra, se lanzó sobre él y le propinó un gran beso. Narciso, asqueado la empujó y le espetó:

- jamás hagas algo parecido, o te arrepentirás. ¡Vete!

¡Pobre Eco! ¡qué vergüenza sentía! Tan enamorada e incapaz de expresarse.

Pasaron los días y Eco desfallecía por ese amor no correspondido, fue apagándose lentamente, día tras día, hasta que su cuerpo desapareció, quedando un rastro suyo, su voz... su castigo seguía ahí, aunque su cuerpo ya no estaba, sí que estaba su voz en forma de castigo, ... espantosa Hera, su castigo sería eterno.

Narciso siguió con su rutina, una vida aparentemente vacua que a él le satisfacía.

Un día de asfixiante calor, mientras Narciso cazaba sintió una terrible sed. Cerca había una charca. Hasta allí se acercó y de rodillas trató de beber. Esa charca le devolvió una imagen sobrecogedora. Esa charca encerraba el rostro más bello que jamás había visto. Narciso se enamoró de sí mismo. Cayó en el peor de los maleficios y estaba sufriendo todo lo que él había sembrado. Su agonía, era una agonía vivida ya por otras personas. Narciso estaba viviendo todo ese sufrimiento que había padecido Aminias primero, Eco después. Narciso sucumbió a sus propios encantos.

Día tras día, acudía a la charca para comprobar si era correspondido... y así fue apagándose, como lo hicieron otros en el pasado. Narciso falleció allí, junto a la charca y su cuerpo mutó de hombre a flor que quedó flotando. Una flor amarilla y blanca de forma acampanada a la que las ninfas bautizaron con el nombre de narciso.

Yo soy Eco...